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Ludys María Carval

San Jacinto, Bolívar.
Tejeduría

 asociacióndeartesanos@yahoo.com
 3114307961

Su mamá tejía, pero no fue ella quien le enseñó a tejer, no le daba el tiempo en ese hogar de ocho hijos, ni tuvo la vocación para hacerlo. Ludys lo hizo sola y a punta de observación. Se iba a una cerca de alambre y, en sus tres cantos, empezaba a tejer lo que quería ser una hamaca. De las cercas pasó a los marcos de las ventanas. Sabe que los tejidos le quedaban “maluquitos”, pero así se le fue soltando la mano, y se fue puliendo poco a poco. A los 12 años, montada en un banco para alcanzar la altura del telar vertical, empezó a hacer hamacas de 15 madejas, que era como se les conocía antes, pues hoy lo hacemos con medidas. Ganarse unos pesos por eso que hacía le dio inmensa dicha. Finalmente aprendió el arte y cuenta lo heroínas que son todas las artesanas sanjacinteras, dándole a este oficio que obliga a estar de pie frente al telar y hace imposible una jornada de ocho horas de trabajo. Por eso, las artesanas combinan el tejido de hamacas, que hacen en las frescas y silenciosas horas de la madrugada, con las labores del hogar y las mil vueltas que siempre hay que hacer. Y como lo suyo ha sido aprender mirando, un día se quedó absorta viendo a doña Rosa Navarro tejer hamacas de lampazo y así se enamoró de ese tejido que, a través de un proceso que es como una especie de amarrado, produce golpes de color desiguales en el tejido, generando un diseño muy original. También hace la hamaca de labrado, cada cual con su técnica y saber. Son días y semanas tejiendo. Por eso, habla de la laboriosidad del trabajo y nos invita a irlas a ver tejer para que entendamos el ebanar y el empeinar, y así descubrir cómo es que unos hilos empujados con firmeza por un par de varillas se convierten milagrosamente en una trama.