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Polimétria

Taller: Polimétria
Oficio: Cerámica
Ruta: Ruta Risaralda
Ubicación: Santa Rosa del Cabal, Risaralda


AGENDA TU VISITA

  Carrera 14 # 8-66
  3005591640
  arttouche@gmail.com
  @polimetria_ceramica
  @AmalgamaArteyCeramica

Sobre el compromiso y el aprender de los problemas: de eso se ha tratado el camino de Carolina López y Julio Ríos, las manos detrás del taller de cerámica Polimétria. Son colegas y esposos, y si hace más de quince años llevan un taller juntos, es porque han sabido balancear el oficio con la vida personal, el trabajo con el amor.

Saben que de haberse entregado a la vida de la arcilla y el fuego solos, cada uno por su cuenta, hace mucho tiempo habrían renunciado. Pero vayamos por partes. Todo empezó con el proyecto de grado de la carrera de Artes de Carolina. Ella quería hacer esculturas tamaño real de figuras humanas y parecía que nadie en la facultad en Manizales sabía cómo asesorarla técnicamente. El único que le siguió la cuerda fue Julio, quien unos años antes había sido su monitor en una de sus clases. Junto a él vinieron las preguntas; lo primero, decidir el material, cerámica, y lo que siguió fue un año de investigación entregada, de una serie de ensayos y errores, hasta que lograron lo que se habían propuesto. Ahí se dieron cuenta de que trabajando juntos, las ideas salían adelante. Después vinieron los tres meses que pasaron en la Sierra Nevada de Santa Marta enseñándole a una comunidad Kogui sobre alfarería. Empezaron por ubicar las vetas de arcilla donde encontraron barros blancos, rojos y amarillos. Después vino el procesar ese barro crudo, enseñarles a sus aprendices a amasarlo, convertirlo en piezas que había que bruñir a falta de esmalte, y que quemaron en el horno construido en comunidad. Lo hicieron todo a mano, el horno, las bancas y las mesas, trabajando con lo que había, y hasta les dejaron un torno de patada, gracias a las habilidades en carpintería y ese espíritu de Julio que no se cansa.

“No te quedes en el problema, busquemos la solución”, es el lema que Julio le ha enseñado desde el principio a Carolina. Así que después de que resolvieran los retos del proyecto de grado y del internado en la Sierra, la vida se encargó de acomodar las piezas que faltaban para que pudieran tener su propio taller y para que compartieran con los demás eso que ya habían aprendido sobre la cerámica. Pero allí no paran las cosas. Resulta que una de las esculturas del proyecto de grado viajó a una exposición en Europa y llegó a su destino hecha polvo. Se había roto a tal punto que no tenía sentido volverla a pegar, y no pudo ser expuesta. Pero afortunadamente habían tenido la precaución de asegurarla antes de mandarla, y decidieron invertir lo que les reconoció el seguro en construir y equipar su propio taller: lo que hoy en día es Polimétria. Se aventuran a decir, entre la risa y la nostalgia, que esa pieza se sacrificó para que ellos pudieran seguir haciendo cerámica. Para hacer y enseñar y experimentar; para seguir viviendo en su salsa, de eso ya hace más de diez años.

En medio del trabajo se han dado cuenta del lugar que cada uno ocupa en el equipo. Como ellos mismos lo dicen, se complementan los genios. Ella es la cara amable y él es un poco más parco, y mientras ella invita al caos a rondarla para encontrar la inspiración, él es el lado organizado y metódico de la ecuación. Por eso Carolina se encarga de atender al público y de soñar nuevos diseños, y él de poner los pies en la tierra ingeniando fórmulas para las pastas y los esmaltes, base fundamental para que la producción vaya sobre ruedas. Ella es la cometa y él sostiene el hilo. Y de ese encuentro podemos disfrutar todos haciendo y aprendiendo a volver una idea realidad en el taller de Polimétria.

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