
Algunos de los pasos que sigue Sandra Chichaco para elaborar canastos bora.
Fotos: Luís Aldemar Rodríguez Cifuentes.
La artesanía bora ha sido el motor de la familia de Sandra Chichaco. Ella convirtió este saber en su motivo de vida, después de su paso por Leticia. En compañía de su propia familia, ahora vive en Chitacoy, en el cabildo urbano de Leticia, y con las fibras del bejuco gumabé construye los canastos que representan a su comunidad
Sandra Chichaco nació en Perú, pero creció en el territorio de La Chorrera, en Colombia. Desde pequeña, su vida ha sido un ir y venir entre diferentes culturas y paisajes. Con apenas un año, cruzó junto con su familia el río Igara Paraná desde el distrito de Providencia, al norte del Amazonas peruano, hasta La Chorrera, en lo profundo del Amazonas colombiano. Fue un trayecto largo y complicado que marcó el destino de la familia. Hija de un artesano peruano y una colombiana, ambos de la etnia bora, Sandra creció rodeada de la música tradicional y el olor a selva húmeda. Segunda de siete hermanos, descubrió desde niña como convivir con dos mundos: su comunidad indígena y la ciudad. En medio de estos, aprendió a no perder el vínculo con sus raíces. A los quince años, su vida cambió de golpe. Una tía que vivía en Leticia necesitaba ayuda con su bebé, y, con la bendición de la madre, Sandra dejó el hogar en La Chorrera para trasladarse a la capital del Amazonas. A diferencia de sus padres, quienes años antes habían recorrido largos caminos y ríos, ella llegó en avión. Fue en Leticia donde terminó la escuela secundaria, algo que le abrió muchas puertas, pero su verdadero amor siempre fue la artesanía y la tierra de la que provenía. Mientras trabajaba en hoteles, restaurantes y tiendas, la conexión con sus orígenes nunca desapareció. Tiempo después, su madre, también artesana, llegó a Leticia con sus hermanos, y juntas tejieron canastos y recuerdos usando como materia prima el bejuco guambé. Durante la pandemia, Sandra decidió dedicarse por completo a lo que realmente amaba: la artesanía bora. Aprendió de su padre el arte del bejuco, un conocimiento que él mismo le había enseñado a su esposa tiempo atrás. Para Sandra, tejer canastos era más que una habilidad: era una manera de reconectar con su identidad y mantener viva la tradición familiar. A pesar de vivir entre dos mundos, su vida en Chitacoy le permite mantener su identidad y transmitir el legado de la familia a sus dos hijas. Hoy en día, Sandra vive en la comunidad de Chitacoy del Amazonas, donde se estableció tras la pandemia. Junto a su madre, recorre largas distancias en la selva para buscar el bejuco guambé, un material clave en la elaboración de canastos por su resistencia. El proceso de recolección no es fácil: requiere caminar durante horas por la densa vegetación, escalar árboles altos y cortar lianas, pero sin dañar la planta para asegurar su regeneración. Una vez recolectado, el bejuco se deja secar para luego pelarlo y extraer las fibras con las que se teje. El bejuco guambé puede producir varias fibras, mientras que el bejuco yaré, más raro de encontrar, ofrece menos fibras, pero es apreciado por su color amarillo. Con la práctica, Sandra aprendió a diferenciar el guam bé de una liana conocida como tripa de pollo, que, aunque es similar, no sirve para tejer porque se rompe fácilmente. Las caminatas por la selva y las largas noches de tejido junto a su madre y hermanas son el corazón de su vida en Chitacoy, donde, entre risas y conversaciones, crea nuevos diseños para los canastos casi sin darse cuenta. A pesar de vivir entre dos mundos, su vida en Chitacoy le permite mantener su identidad y transmitir el legado de la familia a sus dos hijas. En cada pieza está la historia de su pueblo y de sus familia, pero también el orgullo de ser indígena, de su cultura y de la lengua que habla. Chitacoy, una comunidad diversa en personas y costumbres, se ha convertido en su refugio. Allí, Sandra ha encontrado el equilibrio entre lo tradicional y lo moderno. Aunque permanece entre Leticia y Chitacoy, para educar a sus hijas y trabajar con artesanías, sabe que el viaje continúa. Al mismo tiempo que teje las fibras de bejuco guambé, teje su vida con destreza. En cada paso que da por el monte, en cada corte preciso del bejuco y en cada conversación a la luz de la luna, Sandra se convierte no solo en una artesana con mayor experiencia, sino en una defensora de la cultura bora. Y mientras vive el proceso de elaboración de canastos bora, escucha el eco de sus antepasados en el canto de la selva.
No puede copiar contenido de esta página