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Luis Leonardo Dominguez

Taller: Luis Dominguez
Oficio: Joyería
Ruta: Ruta Quindío
Ubicación: Armenia, Quindío


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  Cra 19 #13N-47 Torres del Norte Proviteq, Unidad 4 Bloque 12 Apt 5b
  3144096444
  lord.leoycrist@gmail.com
  @luisleonardodominguezavila
  @luisdominguez28

Había una vez un niño que quedó hipnotizado con una joya tan delicada en el cuello de una mujer, que nunca la pudo olvidar. En ese entonces no sabía ni siquiera que eso que había visto se llamaba filigrana, pero esa pechera se le quedó grabada y, muchos años después, supo que tenía que seguir ese llamado infantil. Y eso es lo que ha hecho por más de cincuenta años este hombre llamado Luis Leonardo Domínguez, hoy insigne joyero de Armenia, la ciudad que eligió para vivir sus sesentas.

Hoy que recuerda su historia se le viene a la memoria esa escena de la filigrana, pero por mucho tiempo se le había escondido en los pliegues del recuerdo, y, en su lugar, a su afición por la joyería le dio origen en ese mandado que le pidió su mamá, de llevarle una cadenita al joyero del barrio para que se la arreglara. Algo se le encendió y, ahora que lo piensa, puede que haya sido ese chispazo de niño que regresó a su cabeza. Porque no pudo volver a despegarse de los metales. Se paraba al lado de los joyeros y los miraba hacer, fascinado, les conversaba y se les volvía, de nuevo, en el chico de los mandados, con tal de no separarse de ellos, y así aprenderles. Luego vendrían el café, el billar y la amistad, siempre pasada por su reverencia al oficio. Y su perseverancia funcionó, porque un día, uno de ellos le preguntó si quería ayudarlo. Imaginarán cuál fue su respuesta.

Así comenzó su carrera, pasando de la teoría a la acción, a la pregunta concreta de cómo soldar, y laminar, así como cambiar un aro o colocar una piedra preciosa. Eso lo llevó incluso a meterse en un curso del Sena para perfeccionar sus técnicas. Pero la realidad se le impuso y tuvo que buscar de qué vivir, pues su pasión aun no le permitía hacerlo. Fue auxiliar en una fábrica en El Restrepo, el tradicional barrio de los trabajos en cueros en Bogotá, y acomodador en la Plaza de Toros de la Santamaría, hasta que la posibilidad de trabajar en Ponqué Ramo, como auxiliar contable, le permitió empezar su vida de casado a los 26, de una manera un poco más estable.

Pero empezando sus treintas la joyería seguía palpitando dentro suyo, la filigrana por supuesto, lo que lo llevó a buscar saber más y más de este arte magnífico que tiene como epicentro un pueblo de tierra caliente que abriga uno de los brazos del río Magdalena, Mompox. Y es curioso porque lo sabe todo de este pueblo bolivarense, conoce a muchos maestros momposinos y, de hecho, en Bogotá fue uno de los cinco mejores filigraneros no momposinos: pero nunca ha ido a Mompox. Es su pendiente. Sin embargo, encarna el espíritu de quien no tiene que estar allá para hacer lo de allá. Y entonces recita emocionado que de los más de 50 años que lleva en este oficio, 31 se los ha dedicado al arte de la filigrana.

Luis Leonardo decidió irse al Quindío por amor y para alejarse del frío de la capital. Y allá vive feliz con su esposa y concentrado entre sus herramientas y metales. Carga con todo ese arsenal de implementos que se ha ido inventando en la vida y que le permiten desarrollar sus piezas preciosas, hoy muy inspiradas en el paisaje cafetero que ha llenado su repertorio de mariposas, colibríes, flores, granos de café y poporos quimbaya.
De hecho, está ingeniándoselas para ver cómo produce un jipao, el tradicional jeep Willys cargado de bultos y gente que atraviesa las montañas de esta región hermosa. Y así, este caleño que vivió prácticamente toda la vida en Bogotá, hoy hace parte de la Asociación de Artesanos del Quindío y ya forma parte de los grandes maestros de esta tierra quindiana. Haciendo la filigrana de Mompox con un estilo que le es propio, siempre honrando esa imagen que se le quedó grabada de niño y que no era otra cosa que la belleza.

Artesanos de la ruta

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