Taller: Caulinarte
Oficio: Enchapados y recubrimientos
Ruta: Ruta Quindío
Ubicación: Circasia, Quindío
Cra. 14 #9- 27
3137442968
caulinarte@gmail.com
@caulinarte
@Caulinarte
Los hermanos Martínez han hecho caminos inversos, Julián estudió Artes Plásticas y se terminó volviendo artesano y Diego inició su vida laboral como artesano y terminó estudiando artes. No importa el orden de los factores ya que no altera el producto, pues lo cierto es que ambos terminaron entregándole sus talentos al estudio riguroso de una materia prima prácticamente inexplorada en Colombia: la hoja caulinar. Y en su trabajo conjunto, al que se le suman las manos de su otro hermano, Wilmar, y todo el resto de la familia, han logrado crear con su oficio una nueva técnica en el país: el enchapado en lámina caulinar de la guadua. Vayamos por pasos. Para ello hay que echar para atrás.
Para Julián pensar en su proyecto de grado como artista se le convirtió en un reto. No quería hacer nada que se le pareciera a nadie, a nada. Así que en sus búsquedas se le apareció un recuerdo de la infancia. Recordó esos paseos cafeteros en donde los primos jugaban por el monte y rodaban montaña abajo montados sobre enormes hojas salidas de los guaduales. El estudio lo llevó a descubrir que esas hojas se llaman caulinar y son la capucha de las ramas de las guaduas cuando están en pleno crecimiento. Las protegen, por eso su textura peludita, o pubescencia como se le llama técnicamente. Y cuando están a salvo y listas para seguir trepando en altura en el guadual, la hoja caulinar se les desprende naturalmente, y, sobre todo si hay viento y sol, caen al suelo colmándolo de color. Fue así que decidió descubrir esta materia prima y entregarle sus horas de estudio a estas hojas colmadas de memorias felices. Su tesis fue laureada.
Llegó el momento, sin embargo, en donde el camino del arte lo frenó. En una exposición al que fue invitado, alguien dijo que eso no era arte sino artesanía, con algo de desdén. Pero lejos de ofenderlo, encontró en ese concepto el norte que estaba buscando. Pudo, así, mirar a sus hermanos quienes llevaban años siguiendo la tradición familiar del trabajo en madera. Vio que posiblemente con ellos podría darle un uso a una hoja que amaba pero que no acababa de convencerlo en las piezas de arte que se había inventado. Para ellos, además, fue también descubrir eso en lo que su hermano se desvivía. La hoja caulinar, al final, era su recuerdo común, y hacía parte del paisaje de su vida al vivir en este eje cafetero tan pintado de guaduales. La hoja, basta decirlo, se volvió el sello del trabajo artesanal de su taller familiar.
Diego, por su parte, como instructor del Sena y técnico en construcción en guadua, le aportó al oficio una dimensión que Julián no había podido darle con el arte. Con la manipulación de la hoja, volviéndola una lámina delgada y brillante luego de un dispendioso proceso de preparación, lograron una materia prima preciosa con la cual enchapar los cofres de madera o las mesas que elaboraba Wilmar. Entre los tres no paran de investigar nuevos usos de la hoja caulinar y, en estas búsquedas incansables, han contagiado a la familia entera, que participa activamente en toda la cadena de trabajo que hay detrás de esta materia prima. Unos preparan la hoja, otros la laminan, la tiñen, la cortan, la pegan, hacen libretas, separadores de libros y cuánta cosa se les ocurra. Julián y Diego, además, están haciendo pirograbado encima de la lámina, dibujando las aves y el paisaje que definen a su Eje Cafetero. No por nada lo que hacen los hizo merecedores de estar en el libro del patrimonio artesanal del Eje Cafetero, porque son, Los Martínez, unos señores artesanos.
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