Taller: Galedsa
Oficio: Tejeduría
Ruta: Ruta Risaralda
Ubicación: Guática, Risaralda
Finca el Caney, vereda El Paraíso
3154713360
sedalatina@yahoo.es
@galedsa.sedaguatica
@sedaguatica
A los gusanos de seda no les importa si es navidad, domingo, o el Día de la Madre, ellos necesitan comer cada dos horas hojas de morera picadas. Así es durante cinco etapas, en las que comen por tres días y duermen por dos. Hasta que llega la última etapa, en la que comen por siete días seguidos antes de empezar a tejer su capullo, de afuera hacia adentro dibujando ochos, como si se tratara de un tubino de hilo. Y pasa algo fascinante: apenas un gusano empieza a guardarse, los demás lo siguen. Si no se cortara el proceso de su metamorfosis para poder tomar el hilo de seda con el que están hechos sus capullos, los gusanos se convertirían en polillas adorables y gorditas, con las alas más pequeñas que el cuerpo. A cuidarlos, sin importar cuánto esfuerzo y cuánto tiempo requieren, es a lo que se dedican Gloria Bayer y su familia.
Resulta que, de la misma manera en que los gusanos de la seda lo hacen cuando deciden envolverse en sus capullos todos al mismo tiempo, la familia de Galesda también se sincronizó. El nombre viene de las siglas de Gloria, su madre Alicia, su hijo Edwin, y su hija Sara, aunque de la empresa familiar hacen también parte sus hermanas y nueras. En total, son quince personas. Pero para entender cómo empezó todo, hay que devolverse a cuando el exmarido de Gloria, Arcadio Grajales, que aún hace parte del negocio como sericultor, empezó a cultivar la morera. Le sacó un espacio entre los cultivos de café, plátano, frijol, tomate y maíz, y afortunadamente, es una planta que se adapta y no necesita tanto espacio para crecer, porque creció. Luego, las empresas hermanas que estaban a cargo de la crianza de los gusanos, Sedacol y el Centro de Desarrollo Tecnológico de la Sericultura, abrieron cupos para que los familiares de los sericultores se capacitaran en el trabajo de conocer estos animalitos y tomar sus hilos. Fue ahí cuando Gloria aprendió que de los capullos se sacaban fibras finísimas y brillantes, y se enamoró de esa transformación. Mientras aprendía se acordó de su infancia, sentada haciendo crochet y bordando junto a su madre y hermanas, y del gusto que siempre había tenido por lo artesanal.
En medio de todo esto, las empresas con las que habían aprendido cerraron, pero tuvieron tan buena suerte que el banco de germoplasma –que es el de donde salen los huevos de los gusanos– fue donado para que quienes habían aprendido pudieran seguir cuidando de ellos hasta conseguir su seda. Eso fue a comienzos de siglo, y hoy en día nada satisface más a Gloria que tener a su familia cerca y verla unida en torno a un oficio, el poder sentarse a sacar hilos y tejer como cuando eran niñas y su mamá les decía que se apuraran con el oficio para poder sentarse todas a bordar, así como cuando su papá les traía lanas e hilos cada ocho días, cuando iba al pueblo, para que hicieran colchas y cortinas. Y resultó que pudo devolverle algo de lo aprendido a su madre, pues le enseñó todo sobre el proceso del cuidado de los gusanos, la obtención de las fibras, el hilado, el lavado, teñido y tejido en los telares. Doña Alicia aprendió y fue la mejor alumna, por eso, con sus más de 80 años sigue tejiendo.
Y aunque cada día venga con su trajín y a Gloria le toque hacer de todo, lo que más disfruta siempre será hilar, deshacer cuidadosamente el capullo que cada gusanito tejió, y convertirlo en hilo. No le gusta levantarse hasta no hilarlos todos, y quizá tenga que ver con que conoce cuánto esfuerzo le tomó a cada animalito hacerlo y quiere agradecerles por ello.
(Ten en cuenta que Galesda recibe grupos de entre ocho y treinta personas para la Ruta de la Seda, en la que les muestran a sus visitantes los procesos de crianza de los gusanitos, hilatura, tinturado y tejido de su seda).
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