Taller: Vila Artesanías
Oficio: Cestería
Ruta: Ruta Diversa con enfoque LGBTIQ+
Ubicación: Montería, Córdoba, Ruta Diversa
Manzana 36 Lote 11 Barrio Vereda Tropical, Montería
3164348815
duverneyvila@gmail.com
@vila_artesanias
Duberney es el mayor de ocho hermanos. Creció en una familia campesina cordobesa, y pasó la infancia viendo a su padre soñar con tener a todos sus hijos en los cultivos, tirando machete y sembrando el alimento, pero resulta que a Duberney nunca le llamó la atención el campo. Le interesaba más lo que hacía su mamá, Sofía Vila, estar cerquita de ella y aprenderle sobre los oficios de la casa; buscar la leña, traer el agua y pilar el arroz. También, hacer cosas con las manos, como crochet y macramé. Recuerda la semana entera que le tomó cogerle el punto a la preparación del arroz, hasta que recibió el visto bueno de su madre. Las lecciones de ella marcarían su camino, tanto en la cocina como en la artesanía. Por eso, tuvo sentido que cuando doña Sofía tomó una capacitación en tejeduría en calceta de plátano en Montelíbano, él se le pegara para aprender también. Y si no se inscribió directamente, fue porque aún era menor de edad, y no lo dejaban. Tenía catorce años.
Le fue tan bien con la calceta que empezó a tejer a nombre de su madre, y a vender con el código 05 que le habían asignado a ella en la tienda que comercializaba en ferias lo que hacían las mujeres de la capacitación. Así se inició en el oficio, vendiendo todo lo que hacía. Conoció, entonces, la satisfacción de poder aportar al hogar, y de escuchar a un cliente decirle que lo que hacía era espectacular.
Él está en todo y ha tenido muchas vidas. Se le mide, prácticamente, a lo que sea; menos al campo.Cuenta con algo de nostalgia que su vida estuvo marcada, desde muy temprano, por la violencia. Su familia había tenido que salir de San Francisco del Rayo a una vereda más cercana a Montelíbano. Después, cuando Duberney cumplió la mayoría de edad, su madre cogió para Montería con sus hermanos, mientras él siguió para Apartadó, en el Urabá antioqueño. Llegó colmado de conocimiento. De inmediato se asoció con una fundación de artesanos para aprender cómo usaban ellos la calceta, y a cambio, enseñarles las técnicas de rollo y tejido plano que él ya conocía, mientras trabajaba al mismo tiempo en un restaurante de comidas rápidas. Conoció las técnicas de trenzado y cordelería, y aprendió que la calceta que crecía a la orilla del mar tenía más brillo que la que crecía tierra adentro, en la finca de su familia. Desde entonces, trabaja con calceta urabeña.
Más adelante se mudaría a Medellín, se demoraría tres meses en acoplarse a su nueva vida en la Comuna 13, trabajaría en un restaurante de comida oriental y después pegando botones en un taller de confección. Recuerda que el primer día no ganó ni lo del metro para devolverse a su casa, pero que, con la práctica, llegaría a pegar 800 botones en un día. De ahí, saltó a montar su propio taller de blusas femeninas y alcanzó a tener siete empleados antes de que las importaciones chinas inundaran el mercado, y le tocara cerrar. Fue en esa época cuando conoció a su socio incondicional, Carlos Mario Valencia, un vendedor innato con quien después se dedicó a cocinar pizzas y a repartirlas por el barrio, y con quien sigue trabajando hoy en día, ahora remoto desde Montería, bordando los vestidos de baño de la marca de su socio.
En todo ese tiempo, nunca se olvidó de su amor por la calceta, porque la ama. No se olvidó de ella, tampoco, mientras trabajó por todo el país haciendo la desinfección de la silletería en salas de cine, ni mientras trabajó organizando eventos. Nunca ha dejado de ser artesano, con el cuidado del tejido y la simetría que caracterizan sus piezas. Por eso siguió enseñando detalladamente el oficio, animando a sus aprendices a familiarizarse con el material, a identificar su brillo y dureza, a tejer la calceta en múltiples técnicas, y a extraer el material y procesarlo. Hoy en día, sigue barajando la vida con la práctica de su oficio. Sabe que seguirá por siempre a su lado, porque ha estado ahí en las buenas y en las malas, y porque se conocen muy bien.
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