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Julián Hernández

Taller: Dezcu Estudio
Oficio: Joyería y tejeduría
Ruta: Ruta Diversa con enfoque LGBTIQ+
Ubicación: Medellín, Antioquia, Ruta Diversa


AGENDA TU VISITA

  Calle 43 #88-34 Edificio Torres San Angel
  3214291639
  julianhdez93@gmail.com
  @dezcustudio
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Desde muy temprano, a Julián lo hechizó la imagen de las mujeres de su familia ataviadas de joyería. Le encantaba esculcar entre las joyas de su mamá, las de la tía, la abuela, y mirarlas muy de cerca. Las adultas, por supuesto, se resistían, pues él era un niño y las podía dañar o perder. En esas se ganó más de un regaño. Pero la intriga se le quedó, y con ella, la pregunta sobre por qué las joyas eran del terreno de las mujeres, y no de los hombres. El hechizo solo creció cuando, en los dos mil, la tía Nancy montó en su casa un taller de bisutería. Él se abalanzaba sobre la mesa grande llena de chaquiras, perlas, piedras, cosas brillantes, hilos y herramientas de armado, y se sumergía en la lectura de los catálogos que le decían hágalo usted mismo.

Entretanto, las vacaciones de mitad y fin de año transcurrían en la costa cordobesa, visitando a la familia, la finca ganadera y el adorado mar. Allá, se embelesaba con otra de sus escenas favoritas, ver a la tía Araceli, apasionada de las perlas, luciéndolas. Por ese entonces acuñó una costumbre que se le quedaría, y que con los años se filtraría hasta convertirse en una parte central de su práctica como joyero: la recolección de materiales. Empezó por recoger lo que se encontraba en los paseos por la playa: tapas de envases, cajas de chicles, plumas. Algunos de esos rescates sobrevivieron años en la casa familiar, y se convirtieron luego en algo más.

Estudió Diseño Industrial y se formó como joyero con el Sena, en el taller de Helena Aguilar y en la Escuela Taller de joyería de Envigado. Poco a poco se dio cuenta, gracias a la disciplina de la joyería contemporánea, de que era un medio de expresión de la identidad y el lenguaje propios. En ese sentido, no importa quién la use, sino lo que la pieza exprese. Cuando la joyería pierde el género, se impregna de sentido, estética y concepto; y la gente la usa porque se siente identificada con eso que va más allá. Gracias a la investigación, siguiendo esa pregunta que le surgió desde tan temprano sobre por qué la mujeres usaban más joyas que los hombres, se dio cuenta de que no siempre había sido así: las perlas, por ejemplo, sus amadas perlas, eran usadas por los regentes de la India en piezas impresionantes, pero luego la Reina de Inglaterra las conoció, empezó a lucirlas, y entonces se les asoció más con lo femenino.

La práctica de Julián Hernandez tiene todo que ver con los materiales. Los estudia, los explora yendo siempre más allá, y los atesora. Sigue su instinto. Si encuentra un material que le llama la atención, pero no sabe bien para qué lo usará, lo guarda el tiempo que sea necesario, hasta que se conecten todos los puntos y se prenda la chispa. Quizá porque otro material fundamental en su trabajo es el tiempo: el que le dice cuándo es el momento adecuado. Por eso guardó en un cajón las perlas que, años después, empezó a tallar y luego a cortar según vio que hacían en Francia, con ese interés en encontrar todas las posibilidades de un mismo elemento. Así mismo, la técnica se la dictan sus necesidades creativas. A veces hay que armar sin soldar, cortar, mandar a soplar vidrio, entorchar cumare con la pierna, limpiar ostras, o ensayar la microcestería. Y para poder trabajar con seda y cumare, por ejemplo, aprendió a tejer en el costurero de una amiga.

Con el tiempo, cambió la playa de la infancia por las ferias artesanales, el nuevo lugar donde descubrir materiales para nutrir su colección de tesoros por usar, su suerte de biblioteca personal. Gracias a esa entrega y sintonía, crea piezas que se vuelven amuletos para quien las usa, y que lo han sido para él mismo, pues le han mostrado lo amplia que se puede volver la joyería que no se enmarca en un género, sino que expresa una identidad.

Artesanos de la ruta

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