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Rosalía Triana

Taller: Artechipalo
Oficio: Tejeduría
Ruta: Ruta del Barro
Ubicación: Ibagué, Tolima


Imagen de Medalla Maestría Artesanal
CONTACTO

  Carrera 3 # 26 - 70 Barrio Claret Ibagué, Tolima
  304 6538082 - 318 6022197
  artechipalo@hotmail.com
  @artechipalo
  @Arte-chipalo

Le heredó el gusto al oficio a su abuela Carmen Triana. Y vio a su mamá, Saturia Triana, sacar a sus siete hijos adelante, sola, porque, lo dice sin pena “mi papá no nos dio ni el apellido”. Esta familia que no le tiene miedo al trabajo, se ha hecho a una vida tejiendo en mimbre y fibra de chipalo, y Rosalía se siente feliz de que tenga en sus hijos Henry y Óscar a los mejores herederos de su saber artesanal.

Conversando recoge sus pasos, esos en donde recuerda los muebles tejidos con los que aprendió el oficio hace ya tantos años, hasta llegar a los jarrones, baúles, las canastillas de picnic y los animalitos que la han hecho reconocida en las ferias. También recuerda a su esposo Silverio, a quien perdió hace unos años y con quien se dio a la pela de iniciar un negocio de familia que llegó a ser muy próspero y alcanzó a tener 10 obreros, pero que se al fue al piso cuando una plaga de gorgojo en la madera afectó las cosechas y no hubo cómo controlarla.

Pero todo en ella, en ellos, es resiliencia. Y, sobre todo, deseo de salir adelante, por lo cual tan pronto vio que a su marido le pagaban muy poco y trabajaba en exceso, no dudó en decirle que, dadas esas circunstancias, por qué no tejían para ellos mismos. Al comienzo él dudó en lanzarse al vacío, pero se dejó convencer de su esposa y nunca lamentó la decisión. La calidad de su trabajo hizo que se dieran a conocer y recibieran el encargo con el que despegarían: hacer las famosas sillas con espaldar y sillín de mimbre tejido que se encuentran en tantos hogares de Colombia. No las sabían realizar cuando les preguntaron si se les medían a fabricarlas, y así lo dijeron, pero muy rápidamente se pusieron manos a la obra y lo aprendieron todo hasta hacer de ese oficio de la cestería su sustento. Le siguieron las bandejas tejidas. Y, como lo resalta al recordar, todo fue un aprendizaje, por ejemplo, cuando al ver que el tríplex sobre el cual se adhería el tejido se torcía encontraron que la mejor manera de darle estabilidad a las piezas era hacerles una estructura en alambre.

Dado el mejoramiento constante del producto, Artesanías de Colombia se fijó en esta familia e hizo un trabajo en conjunto con ella y los artesanos de su comunidad para ayudarles a sacar el sello de calidad Hecho a Mano de sus productos tejidos con el que hoy no dejan de sorprender a sus compradores.

No obstante tantos logros, a Rosalía le interesa hacer un especial énfasis en el proceso de elaboración de las artesanías, particularmente en la recolección de la materia prima que describe como todo un universo. Allí nos incluye las creencias que rodean su cosecha, contándonos que es mejor cortar las varas de mimbre en luna menguante, es decir en creciente, justo el mismo momento que se le recomienda a la gente que se corte el pelo. Explica que se corta cuando está verde y se le retira con un zuncho esa pielecita que la recubre y que ellos llaman “cascarita”. Luego se pone al sol y, cuando la varilla está bien seca, se recorta la medida del objeto que se hará; allí se le abre una crucesita que servirá de partidor y que permite que salgan de tres a cuatro varillas para trabajar. El pedazo elegido se entrapa en agua y se pasa por una máquina que es como una exprimidora que dejará lista la materia para empezar a tejerla… es largo el proceso.

Eso es lo que nos quiere señalar, el tiempo que requiere este oficio. Más aún si se teje con bejuco de chipalo. Rosalía aprovecha para hablar de esta fibra de la que no duda en decirnos que sus verdaderos héroes son las personas que la encuentran en los bosques, en lo alto de los árboles y con, muchísimas dificultades y peligros, como caminar entre culebras, felinos y terrenos escarpados, la extraen. Quienes lo hacen son expertos recolectores, sabios que desenredan con paciencia el bejuco y cortan como debe ser, sin matar el árbol. Esta fibra es toda una hazaña recolectarla, por eso su valor. Pues a diferencia del mimbre que, aunque tiene las cualidades de una artesanía por el empleo de las manos en todo su proceso de tejido, la materia prima puede exprimirse con una máquina, mientras con el chipalo su proceso de raspado y extracción es manual y se hace jalando con un lazo.

Ella lo sabe, sabe del esfuerzo del trabajo. Y así lo quiere plasmar, en piezas dignas de admiración y oficio. Le gusta hablar de la artesanía así, como un objeto con todo un recorrido que merece que nos fijemos en él.