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Ruta valle de Ubaté

Este viaje invita a celebrar el paisaje de tierra fría y a perderse entre sus verdes y marrones, colmados de vacas que parecen colgar de las montañas y pegarse a sus valles. Es el lugar para ponerse una buena chaqueta, o ¡ruana!, porque los vientos hacen parte de la cotidianidad. Es la oportunidad para consentirse con un gorro o guantes tejidos y dormir arropado por una abrigadora cobija de lana virgen. Estás en el Valle de Ubaté y la insistencia en las vacas es que es una tierra lechera por excelencia así que es esencial que pruebes los quesos que se producen en esta región. Te proponemos parar en tres puntos: Sutatausa, Cucunubá y la Laguna de Fúquene, para descubrir el increíble trabajo en junco de Flor Alba Briceño. Los dos pueblos son bellísimos, el primero porque tiene el privilegio de tener un complejo de farallones que quita el aliento y el segundo porque, además de estar entre bosques, conserva su arquitectura colonial intacta y es un sitio ideal para descansar. No están por las mismas vías, así que en la Y tendrás que elegir a cuál de los dos llegar. No están lejos el uno del otro, pero organiza bien tu tiempo para que alcances a ir a ambos o planea tu paseo en dos días pues vale la pena dárselos. En ambos pueblos conocerás a maestros tejedores que te enseñarán el arte del telar y las bondades de la lana de oveja, así como cada uno te contará sus secretos y su historia detrás de este oficio consagrado. Termina el recorrido en la Laguna de la mano de Flor Alba Briceño.

Comienza un viaje lleno de historia

Cundinamarca

Temperatura: 21°

Te proponemos este recorrido

Sutatausa

¿Cómo no enamorarse de esas montañas que acompañan a este pueblo? Los Farallones son dignos de ser caminados y contemplados en su totalidad, por lo cual te proponemos madrugar para descubrir cómo se van despejando con el clima. Puedes hacer la caminata que toma unas dos horas, en donde te toparás con bellas pinturas rupestres y terminarás en los alucinantes Farallones Rocosos, a 3.000 metros de altura. Del pueblo, no te pierdas el cementerio, en donde hay una piedra pintada desde siglos que presenta patrones de tejidos, al igual que en la iglesia doctrinera San Juan Bautista verás varios murales increíbles, uno de ellos de la esposa de uno de los caciques de la zona, ataviada on su manta. En estas huellas se puede ver la tradición de la tejeduría que se conserva tan arraigadamente en este pueblo. Conócela de la mano de la elocuente y tremenda maestra Luz María Rodríguez. Si vas en junio podrás presenciar el Festival Tejilarte, con las muestras de las mejores artesanías del telar de la zona. Unas recomendaciones gastronómicas: las arepas de quinua de doña Celina y la bebida de chucula caliente de la señora Dilia, solo es preguntar por ellas...


Cucunubá

Cucunubá parece un pesebre. Caminar sus calles empedradas, de fachadas blancas y techos de teja de barro, es devolverse en el tiempo. Es un pueblo turístico y, por ello mismo, con una oferta hotelera y gastronómica amplia. No dejes de probar, sin embargo, el kumis casero que allí se hace, una verdadera delicia. Aquí podrás visitar a Gloria Pérez y Héctor Rodríguez, así como descubrir el Museo Tejiendo Tradición, museo vivo en donde William Contreras teje y enseña a tejer a las nuevas generaciones de artesanos. Como todo pueblo de arquitectura colonial, las iglesias son esenciales y se han conservado intactas. No dejes de subir al Cerro de la Capilla de Lourdes, desde donde puedes contemplar el paisaje de ese valle bonito. Otro lugar que puedes visitar son los túneles del ferrocarril, en la vecina vereda de El Rhur, rezagos de un pasado que le apostó al desarrollo del país en 1924 y que hoy no son más que la reliquia de una utopía.


Fúquene

"En este paisaje acuático crecen los juncos con los que se hacen las tradicionales artesanías de Fúquene, fuertes y abullonados canastos y esteras que decoran nuestras casas desde siempre. Descubrir de dónde viene la materia prima es parte esencial para entender la maestría artesanal, así que, además de visitar a Flor Alba Briceño para en la Laguna de Fúquene y haz el paseo en lancha que te ofrecen, hay de varios tipos que se acomodarán a tus tiempos. Ya estando por ahí, pásate por el pueblo y visita su iglesia parroquial, una de esas buenas muestras de la evangelización colonial que se encuentra en tantas partes del país. Fíjate en su altar y en las incrustaciones de esmeraldas que tiene, pues es un gran ejemplo del estilo barroco americano que se desarrolló en nuestra tierra. Y si quieres completar el paseo, sube al Páramo El Soche, en donde podrás hacer varias caminatas lindas y avistar aves que transitan por la zona. Parada obligada para comer y probar sus delicias de quesos y yogures: Colfrance.


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