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Bernardita Ortiz Alquichire

Taller: Arte barro Bernardita
Oficio: Alfarería y Cerámica
Ruta: Ruta Camino de los Guanes
Ubicación: Barichara, Santander


CONTACTO

  Vereda guanenta de Barichara
  313 4160977
  ercrisna@gmail.com
  @BernaditaOrtizAlquichire

Heredera de los indígenas Guane, pobladores de estas tierras, hija de la alfarera Ana Felisa Alquichire Porras, Bernardita Ortiz se sabe la continuadora de un legado de sangre. Cuenta que su mamá fue famosa por sus tiestos, pero no por ello tuvo una vida fácil. Ninguna de ellas. Ambas empezaron a trabajar de niñas, muy a sus 7, y de ahí en adelante, entre moldear y parir, hicieron sus vidas.

Recuerda con viveza cómo de madrugada mamá e hijos bajaban una peña escarpada, cargando a sus espaldas chorotes llenos de barro, para llegar a Barichara a vender en la plaza de mercado sus ollas y tejos, esos tiestos de barro planos que se usan para tostar arepas. Nunca faltaron tampoco a la misa de domingo.

Aunque a sus 17 se casó para dejar de trabajar tanto, por lo cual empezó a hilar sacos de fique, descubrió que no le gustaba nada este nuevo oficio y terminaba escapándose a donde su mamá para ayudarla en lo que necesitara. A pesar de que la había visto mil veces hacer sus tejos, allí fue cuando le pidió que le enseñara los secretos del barro. Ana Felisa se resistió en un comienzo porque no quería condenarla a una vida sacrificada, pero terminó convenciéndose del deseo de su hija de aprender, porque la veía frustrada al rajárseles los tiestos pues no contaba aún con esa paciencia que luego aprendería a valorar.

Y así le enseñó a mirar y a entender el calor infinito del fuego que cuece al sol las ollas y con el que hay que dialogar para que haga una buena quema, alinéandolo con los vientos. Disfruta recibir a la gente en su casa en la vereda de Guanentá, a una media hora de Barichara, para mostrarle la magia de la transformación de la materia. Y es lindo oírla hablar del barro amarillo, blanco o morado con ese cariño que lo hace definirlo como “melcochudo” y de cómo nace una olla inmensa hecha a mano, “rascándola, rasguñándola y alisándola”, sin torno alguno. Sabe que su mamá le imprimió un sello de identidad a sus tiestos, una marca de su uña, pero ella decidió no hacerlo. Sin embargo, sus ollas son inconfundibles.

Artesanos de la ruta

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