Taller: Beauty G
Oficio: Cuero
Ruta: Ruta Quindío
Ubicación: Armenia, Quindío
Cra 13 # 15-52
3002069837
josealejandrobautista388@gmail.com
@bauty.g_cuero
José Alejandro cuenta que todo en la vida le llegó temprano, empezando por su deseo a los 16 o 17 de ser padre. Así que, con eso claro, el tiempo se le aceleró y mientras trabajaba de día, estudiaba de noche, para lograr cumplirse. De hecho, se ríe al saberse tan calculador que cuando estaba estudiando en la nocturna del Barrio Granada, de Armenia, buscó que la muchacha que le siguiera la caña estuviera dispuesta a aprender a trabajar a la par con él, para poder fundar rápidamente una familia. Y, aunque a ese amor cazado en las aulas le sonó todo un poco precipitado, le copió el cuento y se volvió su compañera de vida y la madre de sus dos hijos.
Lo que trabajaba de día nuestro artesano eran todos los saberes relacionados con la talabartería, ese arte increíblemente técnico del trabajo en cuero con el que los grandes maestros hacen, por ejemplo, sillas de montar a caballo. Sillas que requieren de cortes de cuero de una enorme precisión porque si no se hace adecuadamente se dañan las pieles, porque, como las telas, tienen su “lado” para ser cortadas y así no verse “verijudas”, o abultadas, y perder así la forma. Sus memorias de aquellos días son paradójicas pues adora todo lo que aprendió y valora lo mucho que le ayudó en la vida, pero se lamenta de que el aprendizaje haya sido tan rudo y resiente que algunos de sus jefes hayan sido tan severos. Será por eso que enseña con cariño, con firmeza pero con buen trato, para que quien aprende no le coja rabia al oficio. Ruega porque nunca regañen y humillen a nadie como lo hicieron con él a los 16 cuando se equivocó con el largo de unas correas para un uniforme colegial.
Cuando rememora sus inicios, ya hace más de treinta años, recuerda que siempre se le facilitaron los trabajos con las manos, y sonríe al pensar en las chanclas trespuntás y las sandalias que se animó a hacer para venderles a las amigas de su hermana. También cuenta que ese trabajo era sencillísimo en comparación con lo que llegaría a hacer cuando empezó, verdaderamente, a aprender el dominio del cuero haciendo carrieles. Los carrieles de esta parte del país, el Eje Cafetero, son distintos a los tradicionales de Jericó, Antioquia, y se apura a decir que, incluso, son más dispendiosos porque a diferencia de los jericoanos, que se ribetean en el borde, los de Armenia –o cuyabros como se les conoce en esta región por el fruto que allí se consume de ese nombre y que se parece al del totumo– se pulen y se tinturan a mano. Además, no llevan colores, sino que se usan con cueros naturales. Esta fue su escuela.
Sin embargo, fue el mercado el que lo alejó de este trabajo del cuero para encaminarlo a otro, el de la marroquinería, mucho más enfocado en la elaboración de calzado, maletas y bolsos. Como maestro artesano de la Asociación de Artesanos del Quindío, y homenajeado en el libro de los mejores hacedores de su región, los encargos y pedidos para participar en ferias artesanales lo fueron llevando por este tipo de productos. Así que fue dando la deriva y hoy los bolsos y las correas prácticamente dominan su día a día. Eso sí, trata de colar las pieles rústicas, que son las que le gusta trabajar y amansar. También busca no olvidar sus orígenes y hace carrieles y sillas de montar de souvenir, con toda la técnica de la talabartería. Una escala que le permite seguir haciendo lo que le gusta y que hacen sonreír a su nieta Lorraine, de quien sueña, sea su heredera del oficio.
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