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Yenni Pardo y Adela Mora

Taller: Kuspkwa
Oficio: No tejidos, textil vegetal
Ruta: Ruta Oriente - Cundinamarca
Ubicación: Choachi, Cundinamarca


AGENDA TU VISITA

  Vereda Resguardo Sur, Sector La Horqueta, Taller Kuspkwa
  3133191745
  yennipaolap@yahoo.es
  @kuspkwa

¿Yenni o Paola?, le pregunto y responde que le gustan cualquiera de los dos nombres, pero ante mi insistencia, dice que Yenni. Yenni es hija de Adela. Sus figuras confunden, pues las dos son una suma de juventudes que no paran de reírse; se les nota la complicidad y se saben buen equipo. Es lindo estar a su lado. Pese a ser de Choachí, llevaban viviendo muchos años en Bogotá por cuestiones de estudio y trabajo; Yenni, como analista de compras y ventas en un laboratorio farmacéutico y Adela, como mercaderista por más de veinte años. Pero el padre de Adela, el abuelo de Yenni, se enfermó y las hizo regresar al pueblo para cuidarlo. A esta triste situación que terminó con su fallecimiento, se les sumó la pandemia, lo que las terminó dejando sin trabajo y con la incertidumbre sobre su futuro. Sin tener que pensarlo demasiado, Choachí se convirtió en la mejor, o la única opción, para volver a empezar. Y sí que lo hicieron.

Yenni cuenta que frente a la realidad del encierro en ese 2020 que cambió el mundo, la posibilidad de pasear en el campo les dio aire. No solo para huirle al miedo que causaba no saber qué era ese virus que estaba matando a tantas personas en el mundo, sino para volverse a imaginar sus vidas. Era el escenario perfecto para ello y, como tantas otras personas, se permitieron soñar con hacer algo radicalmente distinto a lo que siempre habían hecho. Las caminatas les fueron mostrando su destino, pues les era imposible no mirar la belleza de paisaje que las rodeaba. Y aunque el horizonte inmenso y hermoso se imponía, se fijaron en lo pequeño, en las semillas de eucalipto, por ejemplo. Con ellas empezaron a idearse figuritas, que combinaban con yute, y terminaban vendiendo en los mercadillos del pueblo. Vendrían luego las semillas de papaya o calabaza, razón por la cual bautizaron a su taller artesanal como Kuspkwa, que quiere decir semilla, en muisca.

Lo que no se imaginaban, ninguna de las dos, es que terminarían haciendo artesanías con una materia prima que nada tenía que ver con lo que empezaron haciendo: el amero de maíz. Fue el señor Jairo Daza quien se los mostró por primera vez. Él les enseñó a manejarlo, a trabajarlo sin malherirse las manos pues esta hoja que recubre el maíz tiene su aspereza y, a muchos, les produce alergia al tacto. Yenni y Adela, sin saberlo, ya estaban en el camino del artesano al que se le despierta un gusto y un ansia por la exploración de los materiales y su deseo de transformación en un objeto colmado de belleza.

Y así fue que llegaron entonces a los talleres de la maestra Miryam Barbosa, vecina del pueblo que ya era reconocida en el dominio artesanal del amero de maíz. Yenni, que nunca se había mostrado particularmente interesada por las artes manuales antes de todos estos cambios de su vida, se convirtió en su heredera natural, al tener una vocación artesanal nata. Es por esto que ella y Adela, ahora, además de tener su taller propio con unas vistas a las montañas de ese valle espléndido de Choachí, hacen parte del grupo de artesanas que trabajan con Miryam. De su mano, se han pulido y han podido constituir un taller con productos de excelente calidad que ya son sello de identidad chiguano. Pasa a visitar a esta madre e hija que decidieron lanzarse al ruedo volcándose en la artesanía. Ha sido su mejor antídoto luego de las tristezas vividas: como si el amero del maíz fuera el abrazo que por tanto tiempo necesitaron. Por eso la risa, por eso las gracias.

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