Menu

Zulma Torcuato

Taller: Atuma
Oficio: Cerámica y Cestería
Ruta: Ruta Guainía
Ubicación: Inírida, Guainía


AGENDA TU VISITA

  Comunidad indigena Coco Viejo.
  3222839319
  zulmatorcuato@gmail.com

Zulma es un torrente de alegría. Es otra de estas hijas del Guainía, curripaka y autoridad, orgullosa de lo que es y en cuyas manos está asegurado el linaje artesanal de sus ancestras, las alfareras de la Comunidad de Coco Viejo, a diez minutos de la capital del departamento, Inírida. Aquí es imposible no mencionar la belleza del paisaje en donde se asentó este pueblo pacífico que tiene entre sus fundadores el apellido Torcuato que ella lleva con todas sus letras. A Coco Viejo lo bordean dos caños bellos de aguas dulces, Caño Mota y Caño Coco, con playas de ensueño. Es el paraíso de las aves que son el precioso deleite de quienes disfrutan verlas en sus ramas. Aquí viven Zulma y los suyos.

Habla de las artesanías, pero también se apura a decir que su comunidad se ha organizado mucho alrededor del turismo, a través de varias asociaciones, y que disfrutan mucho compartiendo su cotidianidad –y las delicias de su cocina– con quienes quieran visitarlos. En Coco Viejo han logrado generar un sano equilibrio en donde unos y otros se relacionan con respeto y están logrando tener prácticas sostenibles con posibilidades de futuro. Y es que muchos van a este paraje porque el trabajo artesanal que realizan allí es excepcional.

De aquí son las reconocidas ollas en barro tallado con terminaciones en tejido de chiquichiqui. Y aunque hoy son símbolo de esta comunidad, por muchos años su saber se había escondido entre la tierra. Gracias a investigaciones en campo, algunas de ellas acompañadas por Artesanías de Colombia desde hace más de dos décadas, se descubrieron fragmentos de cerámica grabada que permitieron impulsar todo un trabajo con los recuerdos de las mayoras alfareras para recuperar su memoria artesana. Ellas fueron contando qué eran esos símbolos que allí se veían y cómo eran esas ollas y fogones de su infancia. Con eso adelantado, que era tanto y tan rico, también se vio el trabajo en chiquichiqui que allí se usaba de una manera muy peculiar: haciendo escobas que hoy se recuerdan o señalan, graciosamente, como de bruja. Los diseñadores y artesanos de Coco Viejo trabajaron entonces en la creación de la suma perfecta de estos dos mundos complementarios: barro y tejido en una misma artesanía.

Con ese resurgir y valoración del pasado de su pueblo, y con esa efervescencia creadora, creció Zulma. Gracias a esa remoción de capas de tiempo y tierra, la conversación sobre los cinco barros que les regaló su paisaje se volvió primordial, como primordial se hizo aprenderlo todo sobre este saber de las manos y lo que éstas hacen para honrar el pasado. Es así que los jóvenes de esta comunidad cuidan, dibujan y hablan de sus petroglifos con devoción. Se trata de una maravilla tallada en las piedras enormes que sobresalen de su río, dibujos que son mensajes de tiempos pretéritos, instrucciones, conexiones del más allá, su historia contada en tres etapas, la llegada de los semidioses, el aprendizaje del dibujo y los trajes y la graduación o el castigo contra su olvido. En estos dibujos espléndidos, uno importante es el Waliperre o las estrellas del calendario en curripako, guía esencial con la cual este pueblo mira al cielo nocturno y aprende sus enseñanzas. De esta manera, cuando Zulma y las nuevas ceramistas graban sus símbolos en el barro perpetúan sus significados y claman por su conservación. Para ella, por ejemplo, la mariposa es la mujer, es el ovario, es la vida.

Y, finalmente, tan importantes como los símbolos son los conocimientos sobre las plantas con las que tinturarán las fibras, como las hojas del tarantantán, que tiñen en verde, las pepas de açaí en morado, o las de achiote, en rojo y naranja, todos estos, tonos que combinan con los barros negro, blanco, rojo, amarillo y gris que se esconde entre la tierra. Y si esto no fuera ya suficiente, Zulma dice que, cuando los visitemos, no nos olvidemos de pedir los helados de frutas amazónicas que allí se hacen, o el vino de manaca (o açaí), otra de esas delicias dulces que combinarán tan bien con el ajicero y que ofrecerán, periódicamente, en la Santa Cena, una que revela la hospitalidad curripaka invitando a sus vecinos a compartir comiendo.

Artesanos de la ruta

Artesanos de la ruta

No puede copiar contenido de esta página