Taller: Mujeres tejedoras
Oficio: Cestería y Tejeduría
Ruta: Ruta Guainía
Ubicación: Inírida, Guainía
Comunidad Sabanitas
3105327900
cl0492623@gmail.com
Es emocionante ver a las nuevas generaciones de indígenas hablar con orgullo de sus raíces, de sus abuelos, de sus padres, conocer y practicar su lengua y verlos ser tamaños mediadores de su mundo con el nuestro, el de los que venimos de fuera y parece que nos faltara tanto para entender vidas tan distintas a las nuestras, aunque compartamos en común esta tierra donde nacimos. Este es el caso de esta mujer curripaka bautizada como Clara Inés Camico, portadora de uno de los apellidos fundadores de esta etnia que habita las selvas del Guainía y que se han asentado en Inírida, su capital. Sin tener aún treinta años, se ha convertido en una vocera excepcional de los suyos y lleva en alto el legado tejedor en chiquichiqui de las mujeres de la Comunidad Sabanitas.
Cuenta Clara Inés que su maestría en el oficio le llegó más por necesidad que por haberlo pedido. Quedó embarazada en su adolescencia y ello la llevó a tener que ver cómo iba a responder por esa bebé que llegaría tan temprano. Tenía 14 cuando esto sucedió y, aunque nadie se lo esperaba en su familia, la apoyaron y, Rosa, su mamá, le enseñó todo lo que necesitaba saber para poder empezar una familia: recolectar, cultivar y cosechar para alimentar, y tejer para todo lo demás. Hoy, con media vida vivida siguiendo estas enseñanzas, no le alcanzan las palabras para agradecerle a Rosa todo lo que sus ancestros tenían para ofrecerle. Esta comunidad no solo le dio solidaridad y herramientas para crecer, lo cual ya es bastante; también le regaló el orgullo de origen.
Seguramente por esto siente que quiere regresarle a las mujeres fuertes y sabias de su territorio, un poquito de lo que ella tanto recibió y que puede nombrarse como belleza. Y lo hizo devolviéndoles la fe en lo que hacen y han hecho desde siempre: tejer. Resulta que un día, alguien les dijo que eso que hacían era “feíto”. Lo dijo sin que la gracia cupiera. Aquí vemos el arrasador poder de las palabras. Así como pueden construir imposibles, también pueden enterrar ilusiones. Y esto les pasó a las mayoras de esta comunidad, les rompieron el ego y las volvieron inseguras cuando no hay nada más firme que el nudo que se teje con las manos, pues con él se recoge la siembra. Y esto lo vio Clara Inés, lo sintió. Así que tan pronto vio la oportunidad de retribuir, lo hizo sin dudarlo. Apenas le dieron la oportunidad de ir a una feria artesanal en Medellín, les dijo a las maestras que sola no podría cumplir. Ellas, reacias al inicio, rápidamente le dijeron que, si ella lideraba el proceso, la acompañarían. Y así fue.
Hoy, son un grupo de artesanas en donde las mayoras aportan su experiencia y las más jóvenes les aprenden todos los secretos del chiquichiqui y el cumare. Sin que les tiemble la mano, piden deshacer el tejido enterito si no cumple con la calidad requerida. La abuela Pola y doña Lucinda, las mayores del grupo, dictan cátedra con sus manos y les han enseñado a todas las técnicas de recolección y preparación de la materia prima; les siguen las señoras Cristina, Alicia, Cecilia, Marina y Rosa, la mamá de Clara Inés y, finalmente, ésta, junto a Yeni y Mónica, son las más jóvenes del grupo y las herederas de tanto saber junto. Clara Inés adora hacer collares y aretes, Mónica se ha especializado en bolsos, la abuela Pola teje aunque también domina el barro y hace platos y fogones y el resto de las paisanas curripakas, como las llama cariñosamente Clara Inés, hacen en chiquichiqui preciosos fruteros e individuales. Así es como se han reafirmado como comunidad, compartiendo e impartiendo con alegría tanto de tanto. Diciendo con orgullo lo que son, Inaapeda iñakapee: mujeres tejedoras.
No puede copiar contenido de esta página