Taller: CISLOA
Oficio: Cestería
Ruta: Ruta Caldas
Ubicación: Riosucio, Caldas
Terminal de transporte Riosucio, local CISLOA
3178251219
elidajaramillo028@gmail.com
@artesaniascisloa
@artesaniascisloa
Para Élida Jaramillo, artesana de canastos en caña brava, está clarísimo que todo empezó viendo a su abuela, Ana Julia Largo. La describe como una mujer práctica y recursiva, con todo el peso de la palabra. Suplía todo lo que necesitaba en casa con sus propias manos: en un tiempo en el que no había luz hacía sus propios mecheros de petróleo, molía su propia caña y café, tejía la china para atizar el fogón y cuando había que ir a recoger leña, la cargaba en los canastos que ella misma había entretejido con las fibras que encontraba en el campo. Si hoy en día cada vez que necesitamos algo vamos y lo compramos, lo que más admiraba Élida de su abuela es que en vez de ir a comprarlo, lo hacía ella misma; conseguía todo sin tener que intercambiarlo por dinero. Además, lo hacía en una época en la que los canastos y las chinas que creaba ni siquiera eran consideradas artesanías, sino bienes esenciales en un hogar.
La única en aprenderle ese modo de ser fue Élida, lo reconocen sus hermanos y primos. Es que le fascinaba ver cómo se defendía, verla poner en práctica su amor por la libertad e independencia. Le cogió un amor indescriptible a su recursividad. Así, le heredó ese mismo espíritu libre, pragmático y rebelde, que se vio tan frustrado cuando su familia tuvo que salir desplazada de Riosucio y establecerse en Cali por cinco años, mientras retornaba la calma. A Élida le resultaba insoportable el tener que pedir permiso para salir cuando trabajaba en casas de familia, el necesitar plata para conseguir cualquier cosa, el no poder caminar hasta sus ríos y quebradas para bañarse. Fue una prueba durísima, una que la hizo reafirmar el cómo quería vivir, recordando el ejemplo de su abuela. Así, al regresar, pudo disfrutar y apreciar aún más cada momento con ella, cuidándola y siendo sus ojos cuando se quedó ciega, y aprendiendo todo lo que sabía, incluidos los secretos de los colores de las plantas, y el consejo que no se le olvida: todo lo que usted ha aprendido le va a servir y le va a ir muy bien en la vida. Y así ha sido, porque mal no le ha ido.
Ha podido hacerse una vida bajo sus propias reglas en el resguardo de San Lorenzo, rodeada de los cultivos de caña, café, plátano y yuca de sus paisanos, entre los que crece la caña brava con la que trabajan ella y los más de veinte artesanos de CISLOA, su asociación. Juntos hacen los sombreros típicos de San Lorenzo, y los otros tres resguardos que existen en Riosucio: La Montaña, Escopetera Pirza y Cañamomo Lomaprieta. Son sombreros con nombres tan bonitos como sus tejidos. Está el Guardientero de San Lorenzo, hecho de caña brava, que tomó su nombre de la costumbre de sentarse a tomar chirrinchi, ese aguardiente de caña típico de la región, y dejar el sombrero olvidado sobre la mesa. Está el Tumbaguayabas, hecho de iraca, tan pesado que sirve para ser tirado y tumbar las guayabas de árbol, o el Cañafiestero, hecho con la parte baja de la caña brava y usado en las tradicionales danzas del Ingrumá, y por último, el Típico del resguardo de La Montaña, cuyo hacer Élida rescató de las dos o tres familias que aún conservaban su tradición.
Su abuela Ana Julia le dijo que con lo aprendido nunca iba a sufrir, y así ha sido. Vive feliz como está, viajando a ferias, entrando y saliendo cuando quiera. Encontró la libertad que solo le podía dar el oficio de su abuela, y como ella, disfruta de enseñarle a todo el que quiera aprenderle. Enseña en el Centro de Resocialización de Justicia Propia del resguardo, a las familias, a los niños cuyos padres le mandan, y hasta recibe grupos de las ciudades para mostrarles del oficio y la vida en el campo, en donde les ofrece una experiencia transformadora entre las montañas, lejos del cemento y las pantallas. Así, se mantiene enamorada de lo que hace, y esa es la principal razón por la que no lo deja morir.
No puede copiar contenido de esta página