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Hugo Borja

Taller: HB filigrana
Oficio: Joyería/Bisutería
Ruta: Ruta de la Montaña
Ubicación: Santa Fe, Antioquia


CONTACTO

  Calle 10 # 7-43
  313 6883638
  Hugo6273@hotmail.com
  @hugofernandobo
  @hugofernando.borjayepes

Aprendió mirando a otros. A los cuatro hermanos Rivera, de Santa Fe de Antioquia. Era 1999, tenía 19 años y un día se animó a preguntarle al mayor de ellos, a Hildebrando, que si lo dejaban aprender eso tan bonito que ellos hacían. Ellos, de inmediato, le dieron una mesa, herramientas y plata para que empezara a trabajar. Fueron 12 años de escuela.

Al año, luego de dominar la plata, le soltaron un poco de oro para que viera la tremenda diferencia que hay en cada uno de estos metales. “La plata es muy blandita, muy maleable, y el oro es más templado”, se apura a explicar Hugo, mientras ríe y confiesa que esa primera roseta que hizo le quedó tan rígida como un alambre. Pero se dedicó a entender el material, a estar horas y horas frente a él, a estirarlo, fundirlo, armarlo y vestirlo, hasta que esa fineza de la filigrana saliera, cada día de una mejor forma, en cada pieza que realizaba.

Recuerda, como si fuera hace siglos dada la destreza que ha adquirido, que apenas iniciaba su carrera de joyero le preguntó a sus maestros que dónde compraban esos hilos de oro con los que trabajaban. Ellos levantaron la mirada, se carcajearon y le dijeron que esos hilos con los que se elaboran las piezas de filigrana los hacían ellos mismos, que ese proceso se llamaba afilar y que cada calibre que alcanzaban esos hilos le daba un terminado especial a cada joya.

Fue allí donde empezó a entender la dimensión del oficio, ese dominio del material de principio a fin, ese contacto íntimo que significa conocerlo en un estado y, por cuenta del ácido y del fuego, verlo transformarse y, luego, por la sutileza del manejo de las herramientas, moldearlo hasta convertirlo en algo único.

También, descubrió tres cualidades que valora como esenciales en el éxito de su trabajo, la buena vista, la mano firme y la paciencia para trabajar los detalles minúsculos de cada figura que crea y recoge el legado de este pueblo antioqueño como tierra de joyeros. Y cuenta que, quizá, su reto más grande hasta ahora, y que le ha valido conservar a ese cliente, fue hacer una pulsera en tejido chino, con la cabeza de su vaca favorita, adornada con esmeraldas y diamantes. Hoy trabaja con su hermano, orgulloso de seguir cultivando una tradición.