Menu

Reinaldo Hernández

Taller: RH Orfebreria
Oficio: Joyería/Bisutería
Ruta: Ruta de la Montaña
Ubicación: Santa Fe, Antioquia


CONTACTO

  Calle 9 #2-8
  313 5211648
  rhorfebreria@hotmail.com
  @reyhernandezjoyeria
  @rhreyhernandez

Dice que tiene “dulzura en las manos” y cómo no sonreír emocionado. Luego se cuela la sonrisa de él mismo, que no para de hacerlo, contando cómo es que se enamoró del oficio de la joyería cuando apenas terminaba de prestar el servicio militar y aún no sabía qué era lo que haría en la vida. Era 1998 y, de puro curioso, siempre se quedaba mirando a los joyeros que trabajaban concentrados, rendidos frente al metal, prestando sus manos para la belleza.

Así que cuando el Sena abrió un curso básico de joyería, corrió a inscribirse. Saca pecho al decir que empezaron 18 y solo acabó él, y que le vieron tales ganas de aprender que le soltaban las llaves del taller para que siguiera practicando la técnica y se fuera puliendo. Luego, se comenzó a entrenar con una familia de maestros, a los que miraba trabajar y quienes le permitieron acompañarlos y empezar a hacer piezas en plata, porque el oro era demasiado costoso para aprender. Pasaron dos años para que pudiera trabajar con este material precioso, así que, para él, su vida como joyero arranca en el año 2000, cuando ya siente que tiene la destreza suficiente para lanzarse al agua.

Se dedica a la filigrana, tradición de vieja data de Santa Fe de Antioquia, hasta que en 2003, entra al taller una mujer mayor que les dice a los maestros que ella conoce una técnica que aprendió de jovencita y que quiere enseñarla antes de que se le olvide. Era doña Nury Figueroa, a quien Artesanías de Colombia le otorgó la Medalla a la Maestría Artesanal en 2018. Reynaldo le cogió la caña y, a través de ella, se sumergió en el tejido de espuma, otra de las técnicas de la joyería por las que este municipio es famoso.

Lo aprendió todo con ella, a quien la técnica se la había enseñado su papá –pero al ser mujer nunca le permitió brillar en ese oficio masculino–, y a éste le había enseñado José Olarte, llegado del Valle con ese saber minucioso en el que se alcanza a avanzar un centímetro de tejido en casi dos horas de trabajo. Esa tradición nacida en el siglo XIX es la que ha caracterizado la joyería de Santa Fe, pues se inventaron un nudo que imitara el cabestro del caballo en oro y plata. Reynaldo fue encarretándose cada día más con la espuma, o estropajo, y encontró en éste la mayor de las pasiones. Allí logra transmitir su destreza y finura. Como heredero de la técnica, le tejió una cadena de 6 metros a doña Nury, para que recibiera su medalla. Se sabe continuador de un legado y aunque es consciente de que no carga la tradición en la sangre, definitivamente sí la lleva en las manos.