Taller: ASOARKA
Oficio: Tejeduría
Ruta: Ruta Cesar
Ubicación: Atánquez, Cesar
Atánquez, Valledupar
3215111324
artesaniaskankuamas@hotmail.com
@asoarka
Esta asociación enclavada en la Sierra Nevada, en territorio que corresponde al departamento del Cesar, nació de la física necesidad de supervivencia. Por eso sus mujeres se saben el día exacto en el que empezaron a funcionar: el 6 de julio de 2006. Ese jueves se constituyó como la Asociación de Artesanas Indígenas Kankuamas, Asoarka, y hoy, ya pasados tantos años, se enorgullecen de contar con 260 miembros. Su misión ha sido la misma desde el origen: salvaguardar su cultura, rescatar las tradiciones que la guerra puso en jaque y hacer de la tejeduría en fique el símbolo de su pueblo, encarnado en el pensamiento de la mujer, esa que da vida y cuida el hogar.
A este norte tan claro le han sumado nuevos retos, o apuestas, como les dicen estas mujeres poderosas: darle un lugar más relevante a ese inicio de la cadena productiva, entre quienes siembran el fique, así como del hombre macanero, aquel que limpia la hoja del maguey a mano, con una palanca que se conoce como macana, rol esencial con el que se empezará el proceso de prepararle a la mujer la fibra de fique para tejer. Así mismo, Asoarka le ha sumado a su portafolio de servicios una red de comercio artesanal que no solo incluye los puntos de venta en Valledupar y Atanquez de sus mochilas, mochilones y herramientas para llevar a cabo el oficio, sino la promoción de las otras economías de su pueblo kankuamo, todo en aras de eliminar a los intermediarios que durante demasiado tiempo se han quedado con lo que les corresponde: la producción de café y panela orgánicos, así como la elaboración del chirrinchi, su licor y del alfandoque, ambos, derivados de la caña de azúcar.
Frente a nosotros está Carolina Sequeda, la representante legal de Asoarka, a quien acompañan con firmeza la mayora Judith y sus compañeras tejedoras Angie, Betsy, Sista María y Lyleth, como prueba fehaciente de que la familia en los pueblos de la Sierra es extendida e incondicional. No importa que vivan en Valledupar, Atanquez o en sus resguardos, en Rancho de la Goya, La Mina, Los Haticos, Guatapurí, Chemesquemena, Las Flores o Murillo. Estar juntas, actuar juntas y acompañarse ha sido el secreto del éxito de este enorme grupo de trabajo. Cada una de ellas, de ellos, saben que hacen parte de un tejido y que sin todas sus manos las puntadas quedarían incompletas. Por eso actúan colectivamente. Porque saben, con claridad, que un hilo puede romperse pero que sí, verdaderamente, quiere recuperar su camino, basta la voluntad de hacer un nudo para seguir, y así sanar.
Lo dicen porque su pueblo kankuamo sufrió de una crueldad sin tregua a inicios del nuevo milenio, razón por la cual tuvo que desplazarse y fragmentarse. Dado el territorio en el que estaban asentados vivieron hostigamientos, confinamiento, desaparición forzada y el aniquilamiento de más de 400 de los miembros de esta comunidad dejando muchos huérfanos y viudas. Será por eso que, pese a que los tiempos han cambiado, estas mujeres miran cautelosamente y tienen encendido su sexto sentido que les alerta de cualquier amenaza. Miden la confianza. Pero una vez la abren, se abren, y cuentan de sí mismas, de cómo la mochila en fique refleja su pensamiento y estado del alma. Acto que se complementa con el hombre que piensa con el poporo en la mano. Ambos, en cada una de sus acciones, está fijando su mente y sus ideas, en el silencio de la meditación. La mujer, la que normalmente carga con los dolores de la familia, es la llamada entonces a buscar que las puntadas de la mochila encuentren armonía e invoquen la protección. El trabajo que hace es espiritual.
Lo sabe, como también es consciente de que el reto de convocar a las nuevas generaciones a tejer, y con ello perpetuar el legado de su pueblo, es mayúsculo. Por eso, quizá, ese halo de pragmatismo, con semejante emprendimiento artesanal y productivo. Es su apuesta segura para demostrarle a su comunidad kankuama que todo está en su territorio, que de él pueden vivir y a él se le deben.
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