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Monica González

Taller: UNECOSOSTENIBLE
Oficio: Tejeduría
Ruta: Ruta Cesar
Ubicación: Chimichagua, Cesar


AGENDA TU VISITA

  Corregimiento La Candelaria
  3135039896

A Mónica no la para nadie. La tiene clara y sabe que no puede perder el tiempo, pues la carrera contra el cambio climático ya nos dejó tirados y faltan demasiados esfuerzos y voluntades para remediar el daño que le hemos causado al planeta. No obstante, es de las que no se va a quedar con los brazos cruzados y hará hasta lo imposible por aportarle a su mundo, ese paraíso en el que tuvo el privilegio de nacer: la Ciénaga de la Zapatosa, en el Cesar. Se apura a decir que es un sitio Ramsar, es decir, con características ambientales excepcionales, por la diversidad que abriga, y celebra que, por cuenta del trabajo que llevan haciendo desde hace más de una década, están recuperando los manglares y toda esa fauna que se alberga en ellos. También volvieron a verse los osos perezosos y es un santuario de aves migratorias y árboles que nos regalan el aire que respiramos. Se podría quedar hablando de esto sin freno, es una apasionada y aquí es donde conecta con la artesanía porque su misión ha sido la recuperación y resiembra de esa fibra que le ha significado la economía de Chimichagua y, particularmente, del corregimiento de Candelaria, en donde vive: la palma estera. Con ésta se han tejido esteras desde hace casi un siglo.

Pero el problema de la escasez de la materia prima, sin embargo, no solo se ha debido su uso artesanal. Más bien, nos hace fijar la mirada en cómo los terrenos cenagosos en donde crece salvaje la palma los han ido tomando los finqueros, ganaderos para más detalles, para darles a sus vacas tierras en donde pastar. Resulta que la palma estera tiene en su tronco unas nada despreciables espinas que hacen que el hocico de las vacas se hinche cuando éstas quieren comerse sus hojas, malhiriéndolas y, algunas veces, infectándolas hasta la muerte. Esto ha hecho que se tumben. Con la terrible consecuencia que ello tiene. Una palma lista para producir cogollos para tejer durante treinta años, se tarda en hacerse adulta quince. Hagan las cuentas. Los artesanos hoy dicen que tienen que ir cada día más lejos para hacerse a la materia prima de la cual derivan sus sustentos.

Por todo esto, con esta realidad frente a los ojos, Mónica y su organización Unecostenible se han dado a la tarea de hacer un vivero que les provea de palma estera y siembre, de paso, todas las otras especies que se necesitan para mantener el ecosistema equilibrado. Ha sido tal la relevancia de su aporte que están trabajando de la mano con fundaciones como Natura y Alma. Hoy ya cuentan con una hectárea de la palma que les da trabajo y alimento.

Y es que lo del vivero no es algo que salió de debajo del brazo. Mónica recuerda muy bien el vivero de su abuelito. Y aunque no era nada técnico, como sí lo es ahora gracias a todas las capacitaciones que han recibido, recogía los saberes ancestrales de los árboles nativos. Suficiente razón, dice ella, para retomar el legado y sentir que está honrándolo al tener como motor el sentido profundo de lo que somos, quiénes somos y en dónde lo somos. Ese ha sido su impulso, montarse en la tradición para mirar hacia el futuro. Dicta cátedra con todo lo que ha aprendido. Pero, claro, no lo ha hecho sola. En Unecosostenible son 40 personas, 22 de las cuales artesanos, y el resto, pescadores y agricultores. Todos se apoyan entre sí, porque saben que el uno depende del otro. Las y los artesanos siguen trabajando la estera tradicional, porque no quieren nunca olvidar el origen, pero también trabajan productos innovadores para no quedar relegados del mercado. Eso sí, le apuestan a los tintes naturales y se enorgullecen de tener paletas amplísimas entre los ocres, verdes y grises, completamente salidos de las matas. Porque son consecuentes e intentan a toda costa hacerle el quite a tanta destrucción con su mayor cualidad: la belleza.

Artesanos de la ruta

Artesanos de la ruta

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