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Camilo Cote

Taller: Kabiros Taller de Forja y Fundición
Oficio: Forja
Ruta: Ruta Bogotá Hecha a Mano
Ubicación: Bogotá, Bogotá


CONTACTO

  Calle 9 # 3 – 91 Este, Barrio Egipto
  3006567155
  fundicionkabiros@hotmail.com
  @kabirosbogota
  @kabiros.bogota

Todo empezó como un desfogue. Eran esos días duros de la violencia de los años 90 en Colombia y Camilo Cote tenía entre sus responsabilidades manejar las empresas de su familia. Lo suyo era la banca de inversión, el derecho y la administración, y sus niveles de estrés eran tales que, como hobby, golpeaba el hierro sublimando todas sus frustraciones. La forja fue su tabla de salvación y, quién lo hubiera creído, se convirtió en su vida.

Sin embargo, lo que arrancó como un próspero negocio de exportación de productos de metal para Estados Unidos, como esculturas para decorar los lobbies de los hoteles, se fue amoldando a lo que es hoy su taller, un espacio mucho más íntimo dentro del cual se practica la alquimia y donde los hombres del fuego vibran con los cuatro elementos, conscientes de que al martillar llevan las piezas del padre al hijo, bendiciendo el oficio y golpeando rítmicamente como monjes que siguen el compás de una campana.

Todo su proceso ha sido al revés. Ni cargaba la tradición de un oficio, ni tenía un sentido de la historia grabado en el cuerpo. Pero llegaron a ambas, empezando por su desembarco en el barrio Egipto, plagado de calles de artesanos en tiempos pasados, en donde su taller fue adquiriendo casas hasta llegar a las nueve que hoy configuran Kabiros, su cofradía de forjadores.

También se ha dedicado a rastrear, junto con la academia, la iconografía colonial así como los muchos usos del hierro que hoy hacen del presente un pasado increíble al devolvernos en el tiempo y ofrecer, en toda su opulencia, ventanas chismosas, candados, bisagrones falsos, chatones o estoperoles, goznes y golpeadores con formas de manitos de obispo, diablos o gárgolas. También en Kabiros celebran a la iguana, como protectora de las buenas energías del hogar.

Camilo, aunque el cerebro del negocio, sucumbió ante su mística y el significado profundo del hierro. Entendió que lo tenía que oír. Y lo oyó.