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Diego Añez

Taller: Magma Cerámica
Oficio: Alfarería y cerámica
Ruta: Ruta Bogotá Hecha a Mano
Ubicación: Bogotá, Bogotá


Imagen de Medalla Maestría Artesanal
CONTACTO

  Calle 12B # 2-55. La Candelaria
  315 8706521
  magmaceramica@gmail.com
  @diegoanezyepes
  @diegoanezyepes

Creció entre artesanías. Como su papá viajaba por Suramérica por trabajo y a su mamá siempre le gustó el trabajo manual, su infancia se dio entre Chile, Perú, Bolivia, Ecuador, Venezuela hasta llegar a Colombia. La vena por la cerámica le nació, sin embargo, en Bogotá, por una maestra de kínder que lo puso a jugar con arcilla. Allí empezó la fascinación por un oficio que lo ha llevado a recorrer el país y descubrir así las particularidades de la cerámica.

Un día se fue a Ráquira y en el taller de doña Leopoldina Osorio se transportó 500 años atrás en el tiempo. Aunque había estudiado la técnica y estaba cursando Diseño Industrial, fue con ella y con las maestras artesanas con quienes aprendió del oficio. Primero en Boyacá, luego en Huila y después en Santander. Fueron más de 15 años maravillándose con los “tiestos” de cada región y entendiendo que los usos de la cerámica están profundamente arraigados a nuestra cultura.

Porque nos sirve para recordar a los ancestros a través de rituales de ocarina, pero también para transportar el agua en ánforas, como lo hacen en la Guajira, o en su uso gastronómico con las tostadoras de casabe en el sur del país, o para servir ajiaco o bandeja paisa con una cazuela negra de la Chamba tolimense. También se han convertido en un magnífico objeto decorativo.

Con el saber a cuestas y un firme deseo por irse a aprender diseño a Italia, a sus 33 años la vida le dio un giro: conoció a María Paula Giraldo, quien lo conquistó y se convertiría en su cómplice para imaginar lo que hoy es una realidad, su taller Magma Cerámica. En plena Candelaria en Bogotá, ambos viven entre esmaltes y el torno. Y con el ojo entrenado en capturar la tendencia del momento por su apuesta en la cerámica contemporánea.

Aunque nunca olvidando que es la propia naturaleza la que dicta el camino, como lo hicieron unos esqueletos de erizo en medio del desierto guajiro, que se convirtieron en la inspiración para una línea de imponentes lámparas. El corazón los guía y las manos traducen su sentir. Hoy Diego, en sus sesentas, ostenta la medalla a la Maestría Artesanal y es su máximo tesoro, el saberse transmisor del saber que otros muchos le heredaron a él. Y así lo honra.