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Jadis Garrido

Taller: Asociación de artesanos de Candelaria ARCA
Oficio: Tejeduría
Ruta: Ruta Cesar
Ubicación: Chimichagua, Cesar


AGENDA TU VISITA

  Calle 1B cra 4-39, Corregimiento La Candelaria
  3134567332
  jadisgarrido@gmail.com

Al hablar con ella queda una impresión muy clara: a Jadis la caracteriza la dulzura. Con ese golpeteo cálido de las voces de la costa, cuenta su historia con detalles, se va lejos y recuerda su casa, recuerda a sus padres con cariño, a sus hermanos, tantos, que fueron ¡14! y le agradece a la vida lo que ha llegado a ser, una mujer buena, solidaria, trabajadora y echada pa´lante. Y es que si uno es el encargado de criar a media familia tiene dos opciones, o la coge por la buena o la coge por la mala, pues no hay de otra. Y ella, sabia, lo asumió con aplomo y cariño. Seguramente, cuando era una jovencita ni siquiera pensaba en esto, claro, cómo, con qué tiempo, pero hoy que tiene algo más de serenidad y revisita su vida, sabe que lo hizo bien. Y sonríe.

Sus memorias artesanas son lindas. Recuerda que todos en la casa, cada uno con su telar, tejían palma estera –porque un petate o estera vendido significaba comida en la mesa– y, así, su mamá, doña Ana Julia, lo hacía debajo del techo de palma, mientras que ella prefería tejer en el patio oyendo radionovelas como Arandú, el príncipe de la selva, o noticias y programas de Radio Sutatenza. Junto con su papá, don Alberto, a quien todavía llora aunque se haya ido hace tanto, se iba a palmear en su burrita, que se llamaba La Negra, con algún mecato para comer y nunca en Luna nueva, pues la creencia es que si se cosecha la palma en esa fase se apolilla y daña. Cuenta, también, que a él no le aprendió a tejer, porque lo hacía demasiado rápido, mientras que su mamá le tenía más paciencia y hasta le dejaba meter una pajita aunque hubiera que desbaratar lo hecho de vez en cuando, para corregirlo. Así aprendió a sus ocho y ya a los diez tejía sus esteritas.
De adolescente cuidó a los hermanos, pero también se enamoró de quien es aún su pareja, Eduardo Rosado, con quien se casó o, más bonito, se “destinó”, a los 16 y allí empezó a engendrar vida. Siete hijos que hoy celebra que les heredaron el gusto artesanal. A los dos, porque Eduardo también le aprendió a su propia madre y es un hábil tejedor. Juntos les gusta inventarse diseños porque, eso sí, a Jadis le gusta diferenciarse de sus colegas artesanos, y sabe que fue ella quien inició la moda de hacerles variaciones a las esteras, en lunita, como ella misma lo define, en lugar de las tradicionales rayas. No le queda difícil, pues se inspira mirando la preciosa Ciénaga de la Zapatosa, su vecina natural.

Sin embargo, llegar al punto donde está hoy, en donde trabaja con su familia y ya cuenta con un equipo de 17 artesanos, así como haber fundado el primer grupo de tejedoras de esteras de su corregimiento, Candelaria, por allá a inicios de los 90, es el fruto de muchísimos sacrificios. Se sacude aquellos tiempos difíciles en donde la estera no era reconocida como una artesanía cuando llegaba a las ferias y no vendía ni lo que necesitaba para regresar a casa. Fueron algo así como diez años que resistieron con su esposo, en donde hasta hambre pasaron. Le da gracias a Dios y a ese corazón de artesano que hace que entre los suyos se apoyen; más de una vez fueron estos artesanos quienes hicieron rifas para que se fueran con algo de platica a casa.

Hasta que los productos en palma estera lograron ocupar un lugar en el competido mundo artesanal, y qué lugar, uno en donde la sofisticación de esta fibra, con tintes naturales y los más lindo diseños, hoy hacen parte de la decoración de muchos de los hogares colombianos. Jadis mira el camino recorrido y acepta, con humildad y satisfacción, el aporte que le dio a esta tradición de su tierra, de su casa. Para celebrar la vida, cocina sabroso y hace dulces, cría patos y les ofrece a los suyos un sancocho que hace feliz a cualquiera. Como ella lo es.

Artesanos de la ruta

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