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Julián Díaz

Taller: Taller de Julián Díaz
Oficio: Trabajo en materiales líticos
Ruta: Ruta Huila
Ubicación: San Agustín, Huila


AGENDA TU VISITA

  Vereda Alto Mesitas, San Agustín, Cerca al Parque Arqueológico
  3181380215
  juliandiazsamboni@gmail.com

La historia de Julián Díaz como tallador en piedra comienza en su adolescencia, montando a caballo. Resulta que un familiar suyo tenía un hospedaje en el que ofrecía viajes a las montañas, y Julián se convirtió en baquiano. Llevaba grupos a travesías tan extensas como los cinco días a caballo que tomaba llegar hasta el nacimiento del Río Magdalena en el Páramo de las Papas. Gracias a esos años este orgulloso agustiniano conoce todos sus ríos y veredas, que recita como si fueran poemas: Balseros, Naranjos, Quinchana, Mulales y Magdalena, nos dice, y nos cuenta que fue gracias a las peticiones de los mismos turistas que empezó a trabajar la piedra, pues eran constantes sus preguntas sobre dónde podían comprar una pieza tallada. Entonces Julián se puso a fabricarlas él mismo, empíricamente, y usando lo que tenía a la mano, como las limas que los agricultores dejaban botadas en los campos y un martillo. Más de una vez le pasó que si empezaba con cinco piedras, al final no le quedaba ni una porque todas se le deshacían. Aún no sabía que a medida que tallaba debía usar herramientas cada vez más livianas ya que los golpes constantes van debilitando la piedra.

Pero no todo era cuesta arriba, porque cuando decidió cambiar de rumbo se dio cuenta de que sus años como guía le habían dado el conocimiento necesario para su segunda vida como tallador. Sin saberlo, mientras montaba a caballo estaba conociendo y haciéndose un mapa mental de su futura materia prima, las piedras de cada río de su tierra. Ahora sabe que para hacer lavamanos las mejores son las piedras color granito del río Granadillos, que para los morteros, las de los ríos Naranjo, Negro y Balseros, y que para tallar réplicas de la estatuaria del Parque Arqueológico de San Agustín, la que más conviene es la piedra volcánica que se saca de las minas, esa que hay que trabajar a punta de cincel porque si se usan máquinas, se rompe. También contó con la suerte de aprender del maestro Ángel Miro Guerrero, cuando trabajó con él haciendo las cuatro enormes réplicas que le encargaron para la plaza principal de San Agustín; cada una les tomó cincuenta días.

Tan enamorado como vivía de las montañas, los ríos y el paisaje, se fue enamorando también del oficio del artesano y de las piezas que lo inspiraban, como el Doble Yo, su estatua favorita del Parque Arqueológico en la que un humano y un caimán se alinean y apilan para ser uno solo. Y mientras aprendía, hubo alguien que fue testigo y compañera de ese largo camino. Si alguien sabe de este artesano, es Nubia Irua, su amor que se fue a vivir con él a los dieciocho años y al principio rabiaba al verlo tallar piedras. No entendía por qué decidía pasar todo un día frente a una piedra, cambiándole la forma, en lugar de estar en el campo sembrando algo de lo que sabía y que les podía significar una ganancia, como caña, café, aguacate, plátano, maíz o, por qué no, mejor le ayudaba a cuidar los marranos que desde hace años ella cría. Pero poco a poco se fue ablandando al ver que había gente interesada en comprar las piezas nacidas de esa idea loca de su esposo, y hasta ella misma se puso a crear con las manos y retomó el oficio que, de niña, había aprendido de su madre, que la llevaba con sus hermanos a cortar bejuco y les enseñaba a tejer canastos para recoger el café, guardar la papa y los huevos.

Con los años, Nubia y Julián han construido un casa pensada para albergar al oficio y recibir a quienes quieran conocerlo, y han decorado sus paredes con murales que cuentan su historia: Julián con sus amigos los caballos, Julián tallando, y las infaltables esculturas que inspiran su trabajo. Cuando los visites, te llevarán por cada estación de trabajo y te mostrarán la técnica que mejor le ha funcionado a este artesano para tallar figuras fieles a la simetría de las originales, usando fotocopias en papel. Y un consejo, cuando preguntes por él di que estás buscando a Julio en vez de Julián, ese es el nombre con el que todos lo reconocen en la vereda.

Artesanos de la ruta

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