Taller: Artenea LB
Oficio: Cestería
Ruta: Ruta Sucre
Ubicación: Coveñas, Sucre
Preguntar por el taller de Lidia Beleño
3216960594
lichob2014@gmail.com
En esta historia situada cerquita de las playas de Coveñas, por el Mamey, convergen una protagonista y dos detonantes, de esos que nos hacen movernos en la vida. Por un lado, Lidia, el motor de esta comunidad, recordó un nuevo aniversario de la muerte de su mamá, lo cual le trajo esa tristeza que se le pega a uno a los huesos y que hay que sacudirse como sea, y por el otro, sintió la necesidad de ayudar en su casa a traer ingresos adicionales porque el palo no estaba para cucharas. Esas dos fuerzas la hicieron buscar una solución. Y ésta llegó al ver la abundancia de una materia prima que estaba, allí, frente a sus ojos. Se trataba de la enea, esa fibra hermosa que crece a las orillas de las quebradas y que, en otros lugares de Colombia se conoce como junco. Y así, apropiándose de su origen zenú, ese en donde cada uno de sus herederos tienen la tejeduría en la sangre, vio un futuro en la elaboración de artesanías. O mejor, un presente. Y se puso manos a la obra.
Como si la suerte hubiera tocado a su puerta, llegaron las oportunidades antes del producto… la invitaron a un evento de mujeres rurales en Bogotá. Así que, sin soltar la pita de la cometa se agarró con fuerza a ella y se lanzó al ruedo preguntándose qué podría llevar de su tierra como recordatorio de lo que es ser sucreño. Lo primero fue sentarse a pensar con su vecina, doña Élida Reyes Castillo, una maestra tejedora con la que han hecho llave en este emprendimiento. Ella había aprendido de niña a tejer el tradicional sombrero fino en caña flecha, el conocido sombrero vueltiao, de 15, 19 y 21 vueltas de caña apretada. Qué mejor ejemplo para seguir. El problema es que por donde viven no hay caña flecha, pero sí mucha enea. Empezaron, entonces, a explorar esta materia prima y a manipularla para ver si les podía servir. A su vez, Lidia desempolva sus memorias y, si bien había dicho que el trabajo artesanal no era parte de su hogar de infancia, recuerda ver a su papá entorchando cabuya y tejiendo esterillas en fique… ahí es cuando entiende por qué, ese día pensando en su mamá, le salieron unos aretes en enea en forma de estera. Con ellos honró lo que le enseñaron sus papás. Eso estaba ahí, en el ADN.
De esos primeros días en el oficio recuerda con mucha emoción ver a Élida extrayendo la enea, secándola y raspándola, o ripiándola, como si fuera caña flecha, para empezar a tejerla. Ambas se tomaron muy en serio esta búsqueda y experimentaban a la par la resistencia de la fibra. Y cuál no sería su dicha al ver, después de muchas pruebas, que sí les podía funcionar. Ya llevan más de una década en esta aventura y sí que han aprendido sobre la marcha, llevadas por el impulso y las ganas de crecer. En ese trasegar se han dado cuenta, por ejemplo, que la enea que se extrae cerca del mar es distinta a la que se consigue por su casa, cuya tierra es más seca y elevada. Las características de la fibra cambian. La de “abajo”, recolectada en los pantanos de manglares cerca de la playa tiene “menos tripa” y es más fuerte y resistente que la de los potreros; ideal para la elaboración de los sombreros en enea. Mientras que la de “arriba”, más quedradiza y delicada, sirve perfectamente para hacer bolsos.
Verlas es presenciar el feliz trabajo en equipo, la celebración de los triunfos luego de las dudas, el diálogo de las manos que han sumado otras, nuevas y entusiastas, con las cuales se garantizará la transmisión de saber. Lidia va nombrando con orgullo a todos aquellos miembros de la familia que ya trabajan con ellas, Yuliana, Keren, Noemit, Tania, Hermes, Edwin y Elder. Además, dice, firme como lo es, que cada bolso cuenta una historia. Y así, por éstos se pasean los diseños de conchas de armadillo, piel de babilla o de la hicotea, todos, referentes de su paisaje que sintetizan en puntadas bonitas en enea. Hoy se sueñan con seguir creciendo, mejorando cada día y perfeccionando unos productos que saben, son distintos. Y, claro, agradeciéndole a la madre tierra por haberles ofrecido una fibra como la enea para salir adelante.
No puede copiar contenido de esta página