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Diva Muñoz

Taller: Artesanias Oliva Duarte Generación
Oficio: Tejeduría
Ruta: Ruta Huila
Ubicación: Suaza, Huila


AGENDA TU VISITA

  Centro Poblado Poblado Guayabal Suaza, sobre la Vía Florencia
  3204318883
  dimudu2106@gmail.com
  @artesaniasolivaduarte

El carácter de Diva se lee desde el primer saludo, habla mirándonos a los ojos y con palabras directas. Tiene dos cosas claras, la primera es que el sombrero que tejen en Suaza es el más fino de Colombia, y la segunda, que sus hijos no han sufrido lo que a ella le tocó. Fue la vida dura la que le forjó ese carácter de acento huilense que da gusto escuchar, y que le permite dedicarse a un trabajo que reclama la dedicación y el esfuerzo de las tejedoras de este tipo de sombrero. Para entender lo demandante que es, nos da un ejemplo: después de alistar la iraca y seleccionar una a una sus fibras, entre dos tejedoras experimentadas se demoran 25 días tejiendo un sombrero extrafino ¡veinticinco!, a lo que le sigue el golpeado y terminado en manos de los hombres. Y cuando dice que tejen todo el día, eso incluye sus noches.

Diva viene de una familia de mujeres verracas. Es hija de Oliva Duarte, la maestra artesana a quien se le ocurrió por primera vez reemplazar la pita que adornaba la copa de los sombreros por una trenza tejida en la misma iraca, con patrones y dibujos. Además de ser una tejedora excepcional y revolucionaria, Oliva llevó a cabo la hazaña de criar a siete hijos a punta de sombreros. Lo hizo en equipo con su tía que era como una madre, Soledad Ermida Duarte, a quien Diva y sus hermanas le decían Mamá Mona y que siempre fue un ejemplo de fortaleza y generosidad. Vivían los nueve en el rancho de palmicha de Mamá Mona, que cuando se cayó en el terremoto del 67, reemplazaron por una casa de bahareque gracias a la ayuda de sus vecinos, pues en ese entonces para recibir una ayuda del gobierno la firma la debía poner el hombre de la casa, y la casa de las Duarte era un matriarcado. Un matriarcado admirable, porque sí, las cosas eran difíciles, pero siempre encontraron cómo alimentarlos a todos.

Por eso, desde muy temprano las hermanas mayores aprendieron a trabajar. De pequeñas no conocieron la luz eléctrica ni el acueducto, y estaban acostumbradas a bañarse en la quebrada. Diva recuerda las largas caminatas, descalzas, en las que ella y su hermana María Elena seguían a Oliva y Mamá Mona, recibiendo en un costal los cogollos de iraca que las adultas iban recogiendo. Cuando eran más grandes y por fin tenían zapatos de caucho, las acompañaba también su hermana Teresa. En el día tejían los sombreros que encargaban los clientes de su madre, con el mejor material y aprovechando la luz natural, y en la noche hacían los sombreros que intercambiaban por carne o panela, primero a la luz de un mechero de petróleo y, después, iluminados por velas. Su madre sellaba los sombreros con claras de huevo a punto de nieve y la mandaba a trabajar a casa de los vecinos, que le pagaban con palmicha o plátano para abastecer la despensa familiar.

Así pasaron los años, Diva muy cerquita de Oliva, siempre tejiendo, pues, incluso después de trabajar en las recién inauguradas oficinas de Telecom en Suaza, regresaba en las noches a tejer. Luego, cuando se fue para Bogotá y tuvo sus hijos, su hermana María Elena se quedó acompañando a Oliva en todos los quehaceres de la artesana. Como sus mayores, Diva crió a sus seis hijos a punta de sombreros, cada día con mejores condiciones para ella misma y su descendencia. No duda ni un segundo al contarnos que el sombrero es vida y salud, también sustento de ropa y medicinas pues, por ejemplo, cuando va a citas médicas a Pitalito no le puede faltar un rabito de paja porque sabe que apenas toca el sombrero se siente mejor. Y esos mismos beneficios los reparte entre sus aprendices, a quienes no deja aprender a hacer sombreros feos. La clave está en darles el tiempo que merecen, en no tejerlos “al rinde”, sino escogiendo con atención la iraca, cuidando cada nudo y trabajando como ella, que “le pone la técnica, le pone el alma, le pone todo”.

Hoy en día extraña a todas las mujeres de su familia que ya no están, su Mamá Mona, su madre Oliva, y su hermana María Elena, que falleció en el 2023, pero las recuerda, inevitablemente, al tejer con su hermana Teresa y su hija María Alejandra en la misma casa en la que trabajaron por años, incansables, y en donde ella vive ahora.

Artesanos de la ruta

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