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Ángela Pérez

Taller: Guarnielería La Corinta
Oficio: Trabajos en cuero
Ruta: Ruta Antioquia
Ubicación: San Pedro de los Milagros, Antioquia


AGENDA TU VISITA

  Calle 52 # 49b - 48, Barrio El Hoyito, tercer piso.
  3104248194
  angelacorinta@hotmail.com
  @lacorintacarrieles

Estar un rato con Ángela es pasar un muy buen momento. Y reírse parejo con ella, ya que su espíritu alegre contagia; es divertidísima. Es tremenda embajadora de su municipio, San Pedro de los Milagros, orgullosa de su paisaje y vocación religiosa y ganadera, de sus habitantes y, sobre todo, de su legado. Es, además, una de las primeras mujeres guarnieleras de San Pedro, y se ha tomado muy en serio la recuperación de la tradición del carriel san pedreño que, otrora, fuera el símbolo del pueblo y que, gracias a una voluntad inmensa de sus autoridades, está volviendo a surgir. Lo que resulta una curiosidad es que quien lo sacó del baúl del olvido fue un artesano jericoano: el reconocido Rubén Agudelo. Y ella le da las gracias de frente, sabe que sin él, no estarían donde están hoy.

Sin embargo, el rescate del san pedreño no es un milagro. Aunque estemos en tierra milagrosa, más bien va en consonancia con la declaratoria del carriel antioqueño como Patrimonio Cultural de la Nación en 2021, una iniciativa que enarbolaron los Agudelo de Jericó, los sobrinos de Rubén: Santiago, Juan Sebastián y Saulo, abogados y artesanos que se dieron a la tarea de compilar cuanto documento existiera, así como el protocolo de elaboración artesanal tan profundamente arraigado al territorio del guarniel que les permitió, también, obtener en 2025 el sello de Denominación de Origen como medida de salvaguarda de este bien patrimonial. Así las cosas, era cuestión de tiempo que el carriel san pedreño entrara en la mira para revivir en el imaginario nacional.

Ángela sabe perfectamente que esta es su oportunidad; que está en el lugar y tiempo correctos. No solo recibió instrucción de Rubén Agudelo cuando éste llegó al pueblo a presentar sus propias investigaciones de las particularidades de este carriel, sino que desempolvó de entre sus cosas el carriel de su bisabuelo en piel de nutria que, de tan viejo, ya perdió la piel, pero que es su mayor inspiración e impulso para seguir este camino. Y es que decidió entregarle su vida a este oficio, uno que aprendió en 2013 cuando el Sena llegó a ofrecer cursos de marroquinería al pueblo. Vivió de hacer correas y carteras y billeteras, pero la perspectiva le cambió frente a la posibilidad de meterle la ficha a un objeto propio de su pueblo.

Cuenta la historia que los carrieles san pedreños más antiguos de los que se tenga documentación datan de mediados de 1800. De hecho, el carriel del bisabuelo de Ángela, don Milagros, tendría unos 170 años. Una familia conservó el oficio en el pueblo, Los Piedrahita, cuyo último artesano fue don Luis Piedrahita, ya fallecido hace varios años. Uno de sus asistentes, don Luis Alfonso Muñoz, casi un hombre centenario, aprendió el arte y los fabricó hasta 2008. Pero allí se rompió la transmisión del saber.

La particularidad del carriel san pedreño es que es más redondeado que el jericoano, y que tiene en su compartimiento de apertura un diseño, o mora, bordado con flores o frutos. Ángela, sin acongojarse por no tener demasiada información de primera mano sobre su elaboración, un día se dio a la tarea de sacar el molde del carriel de su bisabuelo; con papel y lápiz le sacó las medidas y dibujos y logró el modelo. Cuál no sería su alegría cuando el propio Rubén Agudelo se lo aprobó. Con él, además, fue galardonada por el municipio y hoy su primer carriel cuelga con sus medallas en su taller.

Ella quiere ser un referente más de su pueblo que se ganó el nombre de San Pedro de Los Milagros, justamente, por hacer milagros. Antes se llamaba San Pedro de Guamurú. Es un lugar de romería cuya leyenda nació cuando unos comerciantes que vendían santos pasaron por las montañas vecinas al pueblo y la efigie de un Cristo se hizo tan pesada que no les fue posible sacarla de allí. Lo intuirán, allí se le hizo un monumento al Señor de los Milagros, que hoy es visitado por muchísimas personas en busca de cura para su salud. Sobre todo, desde el 24 de abril hasta el 3 de mayo, cuando se hace una fiesta con sus peregrinos para celebrar su novena.

Ángela sabe que lo tiene todo para convertirse en una gran artesana. Sabe también que, aunque haya empezado con el pie derecho su carrera y ya haya recibido importantes reconocimientos, está lejos de tener la maestría de los Agudelo, quienes llevan el oficio en la sangre. Pero va bien, muy muy bien. Todo gracias a su entrega al oficio que hoy le ocupa el corazón, y a su esposo Orlando, quien no solo le patrocinó todo su entusiasmo impulsando que aprendiera de la mejor manera, sino que ahora la acompaña en el taller, él mismo, recibiendo instrucciones de su esposa para sacar su taller adelante. Y ya ha aprendido tanto que son una dupla perfecta. Un milagro que vale la pena conocer.

Artesanos de la ruta

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