Taller: Taller Renacer
Oficio: Cerámica
Ruta: Ruta Antioquia
Ubicación: El Carmen de Viboral, Antioquia
Cra 31 #41a-04
3052415572
comercial@ceramicarenacer.com
@ceramicasrenacer
Nelson Zuluaga le puso a su taller Renacer, porque eso fue, exactamente, lo que pasó en el Carmen de Viboral. Pese a haber sido un pueblo ceramista a lo largo del siglo XX con más de 30 talleres importantísimos, especialmente durante la década de 1970, los 90 llegaron con sus dificultades y los quebraron a todos. La apertura económica, el TLC y la durísima violencia que padeció Colombia, y Antioquia en este caso, causó estragos en la tradición artesanal. Zuluaga, quien había crecido entre el barro, pues sus papás trabajaban en la industria y él mismo se empleó a los 14 años en la emblemática Cerámicas Continental, fue testigo directo del auge y declive de la economía de todo un pueblo. En 1997 se quedó sin piso y, con un matrimonio y tres hijos, tuvo que vérselas para sacar a la familia adelante. Ahora bien, antes del Renacer, veamos cómo fue que terminó en este negocio.
Aunque sus manos conocían perfectamente los procesos cerámicos desde niño, no fue por eso que terminó trabajando en la principal locería del Carmen. Fue por el fútbol. Hacía parte de los intermunicipales y de Continental convocaron a cuatro de sus jugadores para integrar el equipo de la fábrica y él era uno de ellos. Así que entró y como mediocampista o armador, empezaron a ganar partidos. Los dueños de la fábrica, los Betancur, no solo le veían la madera deportiva, también la de artesano, y le ofrecieron trabajo. Así, pasó por todos los puestos y llegó al de supervisor de calidad. A él lo que le gustaba, sin embargo, era la sección de forjados, hacer las pastas para formar las piezas y pulirlas, bizcocharlas. De hecho, cuando de niño fue aprendiendo los fines de semana con su papá, eso era lo que más disfrutaba: hacer las cajas refractarias, los estuches, donde metía la loza para quemarla. “A mí pónganme lejos de un escritorio”, dice sonriente, con la convicción de que siempre estará andando por la fábrica.
Así que, con ese ímpetu y frente a la necesidad de sostener el hogar, se preguntó por qué iba a dejar de hacer lo que llevaba en la sangre. Así fue cómo se convenció de que había que intentar hacer empresa, aunque nunca se hubiera soñado en esas. Al comienzo fue durísimo. Ese 1998 se lanzó a hacer productos cerámicos, pero no los relacionados con la tradición sino utilitarios, como roscas para bombillas. Les fue fatal. No era ni producto artesanal ni lo suficientemente industrial, así que resultó compitiendo con fábricas realmente inmensas y, por supuesto, no le dio. Pero perseveró pues, como dicen sus hijos, Nelson Zuluaga es de los que no se rinden y hará hasta lo imposible por sacar adelante sus ideas. Fueron cinco años de esfuerzos hasta que reventó la salvación: un pedido de 12.000 juegos de mesa de ocho piezas cada uno, entre saleros y otros accesorios. Esta fue la primera piedra. El Renacer. Sin embargo, como la vida pone obstáculos para ver quién es capaz de resistirlos, éste llegó en un incendio el día de la Santa cruz, con 6 hornos prendidos y 12 pipetas de gas… y, aunque fue caótico, como se lo podrán imaginar, fue una prueba superada.
Zuluaga recuerda que tuvieron que contratar 50 personas para cumplir con el pedido. Su oportunidad para pensar en grande e imaginarse un camino que no fueran reposiciones de piezas dañadas sino vajillas propias y elementos decorativos. No por nada conocía la industria cerámica al derecho y al revés y sabía cómo trabajaban todos los artesanos del Carmen. Ya con un voz a voz que se estaba regando sobre las posibilidades que se estaban volviendo a abrir con Renacer, vino la consolidación de su identidad. Si bien conocía a las decoradoras que dominaban las pintas tradicionales de las vajillas del Carmen, la Florelba que tanto le gusta a él, por ejemplo, sintió que la diferencia se la tenía que ayudar a idear un artista. Y qué artista. Invitó al maestro José Ignacio Vélez Puerta a trabajar a su lado y, éste, carmelitano de corazón, se puso manos a imaginar el “Renacimiento”. Vélez se ha dedicado a interpretar la preciosa tradición del Carmen de Viboral inyectándole variaciones e innovación a los productos, aunque siempre conservando la esencia.
Ya con casi 30 años de haberse lanzado a hacer empresa, además de Renacer, que hoy es referente de Carmen de Viboral, fundaron con el resto de su familia Viboral Cerámicas y Carmen Experimental. Alejandro, uno de sus hijos, es su coequipero en Renacer, y Érica y Sergio, los otros dos, abrieron su taller experimental, apostándole al diseño con el sello carmelitano. Y como a él mismo le ha gustado mucho abrir mercados, antes de la pandemia recibió la visita de un italiano, Romano Rampini, quien buscaba artesanos que le pudieran hacer trabajos para su mercado europeo. Se asociaron y empezaron a trabajar el sobreesmalte, una técnica distinta a la que se trabaja en el Carmen, que es bajo esmalte, y que resultó excepcional. Aprendieron cantidades, pero llegó el coronavirus y ese intercambio no se pudo sostener. Sin embargo, quienes sí sostuvieron ese interés por innovar en técnicas y propuestas fueron sus hijos Érica y Sergio, quienes siguen ampliando el legado de los Zuluaga. Pero esa, es otra historia.
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