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Mauricio Acevedo y Adriana Zuluaga

Taller: Acevedo Zuluaga Guarnielería
Oficio: Trabajos en cuero
Ruta: Ruta Antioquia
Ubicación: San Pedro de los Milagros, Antioquia


AGENDA TU VISITA

  Entrada por el Km 2 Vía El Tambo, Pantanillo. A 700m desde ese punto.
  3114558838
  togomarroquineria@hotmail.com
  @acevedozuluagaguarnieleria
  @p/Acevedo-Zuluaga-Guarnieleria-6158...

Mauricio y Adriana se han tomado muy en serio la recuperación del patrimonio de su pueblo. Quieren que en San Pedro de los Milagros se reviva la tradición del carriel san pedreño, este icónico bolso de cuero ligado a la arriería y antaño a la economía de este municipio de tierra fría, que queda a tan solo una hora de Medellín. Aunque conocemos muy bien el carriel o guarniel jericoano, con familias que han transmitido de generación en generación los secretos de su elaboración, hasta ahora se está desempolvando la historia del carriel san pedreño, y esta pareja de artesanos decidieron ser unos de sus decididos protagonistas.

Tiene sus rasgos distintivos del jericoano y, con ello, una vida propia que tiene todo el potencial de ser contada. Por un lado, mientras el primero tiene los colores amarillo y rojo propios de la bandera de Jericó, el san pedreño es más unicolor y su más notable característica, la mora, es decir los decorados, es un despliegue de flores de colores que se perciben al abrir el carriel. Otra diferencia notable son sus curvas más pronunciadas en la tapa y la larga lanza, con pasador doble, con la que se cierra el carriel. Sus correas están totalmente decoradas y tiene una división de dos o tres hebillas que el jericoano no tiene. Los ojaletes son blancos. Aunque en ambos carrieles se usaron, originalmente, pieles de nutria que, por supuesto, ya no, en San Pedro de los Milagros queda la prueba de que así fue pues, como nos cuenta Mauricio, al ser tierra fría había muchos cultivos de trucha y las nutrias llegaban a comérselas, por lo cual las cazaban… de ahí su extendido uso.

Sin ninguna formación en historia, estos artesanos son unos empíricos del tema y los guía una magnífica intuición, que se ha convertido en pasión. Tienen la curiosidad suficiente para seguirle la pista a un san pedreño cruzando las fronteras de Antioquia y han llegado a San Félix y Marulanda en Caldas, Génova en el Quindío, o Murillo en el Tolima. Apenas encuentran un rastro, allá van a parar, llevados por la fascinación de entender cómo es que los san pedreños llegaron a estos destinos, quiénes fueron sus propietarios y cómo los usaron. Entusiasmados con este legado han buscado la manera de conseguirle recursos a esta investigación que, están convencidos, servirá para documentar un legado de siglos. En ello han dado con un registro histórico en el municipio de 1820, en donde ya se evidenciaba que su elaboración hacía parte de la economía del pueblo. Y como su emoción ha contagiado a otros, un historiador de Santa Rosa de Osos les hizo llegar una foto de la década de 1870 de María Anselma Restrepo, quien combatiría luego en la Guerra de los Mil Días, con un carriel san Pedreño terciado. Así mismo, tienen otra de Monseñor Builes, el famoso religioso que persiguió a liberales y comunistas, cargando un san pedreño. De esta forma, paso a paso, van contribuyendo a la reconstrucción de una historia que, de tanto usarse en la cotidianidad, nadie registró.

Cada imagen y cada conversación con los nietos de esos arrieros que anduvieron con su carriel trabajando y cabalgando por las montañas, muy a comienzos del siglo XX, les han permitido reconstruir el carriel con todos sus detalles. Incluidos los cuatro tamaños que ya están haciendo. Han podido tocarlos y mirar los siete tipos de cueros con los que los hacían, cada cual con un sentido, así como entender su elaboración, registrar los diseños de la mora y descubrir cuándo fue, o no, elaborado en San Pedro de los Milagros. De hecho, comprobaron que una familia fue la que, particularmente, se dedicó a este oficio. Así como los Agudelo en Jericó, los Piedrahita fueron los legatarios del san pedreño, con tan mala suerte de que, al morir el último artesano, Luis E. Piedrahita, se terminó acabando la tradición. No obstante, él dejó un sello que se ha convertido en una marca a replicar: un par de líneas repujadas en la parte de atrás, su firma y el número del carriel. Con todas estas pistas, Mauricio y Adriana están haciendo la tarea lo mejor posible, con la meta clara de honrar su pasado; para ello, él cose y ella arma. Por lo pronto, para seguir dándole visibilidad al carriel san Pedreño van a hacer el carriel más grande del mundo para ver si un récord Guinness impulsa entre los habitantes del pueblo una nueva ola de guarnieleros que preserven este legado que apenas está renaciendo de entre las cenizas.

Artesanos de la ruta

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