Taller: Cerámicas Esmaltarte y Herencias
Oficio: Alfarería y cerámica
Ruta: Ruta Antioquia
Ubicación: El Carmen de Viboral, Antioquia
Olimpia Pabón ha sido testigo de los años que, como si actuaran sobre el barro mismo, han moldeado la historia de la célebre cerámica decorada a mano del Carmen de Viboral. Y junto a su esposo, Francisco Cardona, a quien rendimos homenaje en esta historia después de su fallecimiento en 2024, fueron ejemplo del compromiso de los carmelitanos para mantener viva la tradición de la cerámica en su pueblo a pesar de que por poco desapareciera a finales del siglo XX.
Olimpia nació en Medellín pero se crió en el Carmen de Viboral, de donde era su madre, y estuvo siempre rodeada de cerámica gracias a sus tías y tíos, quienes eran pintoras y trabajadores en las antiguas fábricas. Con Francisco se conocieron poco después de que ella terminara el colegio y formaron una vida juntos. De él decían que nunca le gustó ensuciarse y que por eso aprendió a practicar el oficio de su padre, Marco Antonio Cardona, siempre de manera impecable; y que si bien en un principio estuvo reticente, muy pronto le cogió amor a la arcilla, tanto amor que decidió abrir su propio taller de loza pintada a mano, Esmaltarte, años después de que la fábrica de su padre cerrara, como tantas otras, durante la crisis de violencia que afectó su región entre los años de 1980 y 1990. Resulta que el taller lo vendieron, pero todo lo que Francisco sabía no lo podían vender. Así empezaron de ceros, juntos y unidos por su amor por la arcilla.
Mientras Olimpia estuvo a la cabeza de un colegio como rectora por más de 30 años, Francisco se decidió a ser maestro de todo el que se le acercara para aprender de su oficio. A él le daba dolor verlo desaparecer después de haberle dado de comer a tantas familias, por tantos años, y a ella le preocupaba el poco valor y la indiferencia con la que se trataba a los artesanos, como si fueran menos que un profesional. Entonces al tiempo que Olimpia se aseguraba de que sus estudiantes supieran sobre la tradición alfarera de su pueblo y los ponía a hacer sus primera piezas y a quemarlas en el pequeño horno que Francisco le regaló, él formaba a las nuevas generaciones de talleres carmelitanos. Una pareja de maestros, cada uno desde su frente. Desde luego, bajo los mismos principios criaron a sus propios hijos, que fueron cuatro, y que hoy en día llevan el las manos el legado sembrado con cariño y empeño por sus padres.
Después de jubilarse, a Olimpia aún le quedaba mucha energía para liderar procesos en la cerámica. Habiendo visto desde fuera el mundo artesanal por tantos años, sabía que lo que le faltaba al gremio era asociarse. Entonces apoyó la creación de Acroloza, fundación de productores de loza con quienes ya han gestionado dos denominaciones de origen para la cerámica decorada a mano. Entretanto, sus hijos decidieron abrir su propio taller, al que llamaron, a mucho orgullo, Herencias, y que se diferenció de Esmaltarte por tener una línea de diseño más contemporánea y experimental. Los cuatro herederos y sus familias, pues en la lista se incluyen las nueras y los yernos, tienen todos labores en el taller. Uno de sus fuertes han sido las experiencias que ofrecen a los turistas, en las que les muestran no sólo cómo se hace cada plato, taza y pocillo, sino que ponen a los visitantes a ensayar las pintas por sí mismos.
También, les cuentan sobre la historia de su oficio y empiezan por nombrar sus ancestros, recordando siempre a Francisco Cardona como el maestro generoso que fue, sin egoísmo a la hora de compartir lo que sabía, además de organizado y serio en el trabajo. Su generosidad, que tenía un orígen en el amor por el oficio, un amor que lo excedía, logró su cometido: ayudar a salvar de la extinción a la cerámica carmelitana pintada a mano.
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