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Rosa Flórez

Taller: Grupo Artesanal Rabolargo
Oficio: Cestería
Ruta: Ruta Córdoba
Ubicación: Cereté, Córdoba


AGENDA TU VISITA

  Calle 3 #7-70, Rabolargo, Cereté
  3107944750
  rosacarolinaflorez@gmail.com
  @artesaniasrabolargo
  @p/Grupo-Artesanal-rabolargo-1000679...

Con un cafecito colado en bolsa y galletas de limón, así es como se recibe a la visita y a los vecinos en casa de doña Denis Castilla de Flórez, madre de Rosa Flórez y matrona de la cestería en rollo con cepa de plátano del corregimiento de Rabolargo, en Cereté. Han pasado casi cincuenta años desde que se formó el Grupo Artesanal Rabolargo, del que ya hacen parte las hijas e hijos de las primeras integrantes, y en el que siguen tejiendo cinco de sus fundadoras. En el caso de Rosa y Denis, su vida es un ejemplo de cómo la batuta artesanal pasa de generación en generación.

Rosa era una niña cuando vio a su madre entrar al mundo de la artesanía y de la gestión cultural. Hasta ese momento, Denis había trabajado lavando, planchando y cocinando en la casa de una vecina, y en 1980, cuando se dictaron en el pueblo capacitaciones de cestería en cepa de plátano, ella se inscribió sin dudarlo. Empezaron siendo 50 personas. Con los años, ese número disminuyó: quedaron en el grupo 10 miembros, a quienes se suman sus familias de dos o tres integrantes, además de quienes hacen los trabajos que derivan de la extracción de la cepa y el eventual apoyo de otras tejedoras cuando los pedidos son muy grandes. En total, unas 40 personas. Así que mientras doña Denis se afinaba en el oficio de la mano de su exigente maestra, Dionisia Pertuz, Rosa siguió creciendo y terminó estudiando una Licenciatura en Educación Infantil.

Pero la vida la trajo de vuelta a casa cuando, después de 12 años trabajando con el gobierno y en los programas del Instituto de Bienestar Familiar, se volvió imposible conseguir trabajo, y se acordó de que en su familia corría un conocimiento del que podría vivir. Así que regresó junto a su madre y su trabajo. Afinó lo que había aprendido de niña cuando le ayudaba a seleccionar la fibra y a coser. Y aunque al principio le tocó deshacer tantos canastos y volver a empezar, el esfuerzo rindió sus frutos, porque se volvió una experta no solo en conocer la cepa de plátano y saber que la fibra sacada del plátano manzano es color café claro, y la del banano blanquita, sino que también desarrolló la fuerza que hay que tener en los brazos y espalda para armar los rollos que son el primer paso de sus piezas: el trabajo consiste en jalar y apretar la cepa alrededor de un alma de hojas de palma de corozo. También se calibró en ella el pulso que se necesita en las manos para hacer los rollos delgados de los individuales y portacalientes, y cómo no, para hacer también los rollos gruesos de los canastos. Entonces Rosa se volvió quien pone la vara alta de la calidad, y aquí hay que volver al nombre de la maestra de su maestra, Dionisia Pertuz, que en paz descanse. Resulta que doña “Dionis” era un dolor de cabeza para las aprendices. Las hacía desbaratar y pulir hasta que sus tejidos quedaban inmejorables. Y eso mismo hace Rosa hoy en día, y es tan exigente, que hasta su madre le dice que es la reencarnación de su maestra.

En estas Rosa ya cuenta más de 30 años en el oficio, junto a su madre que, con más de ochenta, sigue enrollando cepa de plátano, así como las demás integrantes del grupo. Juntas se reúnen a enrollar en el amplio patio de su casa, y han sido muchas las satisfacciones, entre las que cuentan la oportunidad que tuvo doña Denis de viajar, en el 2015 a Miami, con su técnica y productos para darlos a conocer. También, el que Rosa hubiera podido sacar adelante a sus hijos como madre soltera gracias a su oficio, y la victoria más reciente, el hecho de que el hijo de Rosa se haya pagado la carrera de Veterinaria a punta de hacer su artesanía. Y claro, viven a diario la satisfacción de saber que trabajan en grupo y en familia, y de que, en manos de tantos, el oficio perdurará.

Artesanos de la ruta

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